EL DESCARRILAMIENTO DEL MIDLAND

Alesis Blengio
MIDLAND FERROCARRIL CARHUE CILLEY

EL DESCARRILAMIENTO DE 1963 EN CERCANÍAS DE LA EX ESTACIÓN J.V CILLEY 

El Paraje Cilley es una zona comprendida alrededor de la vieja e inexistente Estación del ferrocarril Midland llamada J.V Cilley que se encontraba emplazada en el kilómetro 507 del ramal. La historia que sigue, más que historia anécdota que hoy los lugareños más viejos aún recuerdan, sucedió en la década del ‘60. En esta época el paraje Cilley todavía tenía ese ambiente de barrio donde eran muchas las familias que vivían, aunque ya en proceso de despoblamiento. Más allá de algún “chusmerío” sobre problemas matrimoniales o el robo de algún objeto u animal, la vida en Paraje Cilley no salía de la rutina del trabajo diario tanto en el campo para los hombres, los quehaceres domésticos para las mujeres y el viaje a pie o a caballo hacia la escuela Nº2 para los chicos. Rutina que vuelta a vuelta se veía interrumpida por algún baile que se realizaba en el galpón de Swenger o por las recordadas fiestas de la escuela Nº2 que realizaba en fechas patrias o fin de año. Aparte de ver una avioneta aterrizar de cuando en cuando en un campo de la zona cuando el aviador iba hasta allí en tan particular vehículo para ver a su novia, no había otra atracción que le diera emoción a la rutinaria vida de los chacareros. Por eso cuando ocurrió el hecho que me propongo relatar, difícilmente pueda ser olvidado por las memorias de chicos y grandes que estuvieron allí.

Era un miércoles 14 de agosto de 1963, los vecinos estaban sembrando sus campos, los más chicos estaban en la escuela y las mujeres en sus casas abocadas a sus labores domésticas. Era la época en donde los chacareros estaban en el medio del campo dedicándose a la siembra o el “disqueo” para después poder sembrar. Como era habitual ya de lejos se escuchaba venir el tren de pasajeros, en ese entonces de color aluminio con su trompa ovalada y dos ventanillas, antes de que cruzaran por esos rieles las locomotoras con motor Ganz. Parecía que nada iba a interrumpir este cuadro característico de cada semana, el tren de pasajeros, solo el de pasajeros, pasaba con dirección a Carhué los días lunes, miércoles y sábados entre las cuatro y media y cinco de la tarde, es decir, que su presencia y su característico ruido eran inherentes a la cotidianeidad de estos pagos. Sin embargo, ese día en el horario mencionado cuando el ferrocarril estaba pasando por la zona del Kilómetro 506 del ramal, atravesando el campo de Martín Astoreca antes del camino vecinal que lo separa del campo que actualmente pertenece a Francisco Arado (en ese entonces de Justo Ruiz), un impredecible caballo se atraviesa por las vías a una distancia del tren en el que era imposible que el maquinista pudiera detenerlo antes de la colisión con el equino. La locomotora agarra al caballo de lleno provocando su indefectible muerte, seguido del descarrilamiento de la misma quién se deslizó sin control hacia abajo hasta que quedó varada al clavarse en tierra. En ese tiempo el tren de pasajeros se componía de tres módulos. El módulo desde donde comandaban el tren quedó totalmente fuera de la vía, sobre la base del terraplén de la misma hacia el oeste en contra del alambrado de Martín Astoreca (alquilado por Vicente Sauer quién en ese momento estaba disqueando). El segundo módulo quedó tendido pendiente abajo sobre el terraplén, y el tercero alcanzó a quedarse sobre los rieles (solo algunas ruedas lograron safarse). Iban en el tren 7 pasajeros de sexo masculino con destino a Carhué y dos motorman (maquinistas), es decir nueve personas en total, quiénes afortunadamente no sufrieron ningún daño. Mi abuelo Julio Blengio, quien estaba sembrando un cuadrito de 15 hectáreas lindantes a las vías que en ese momento alquilaba y testigo presencial del inusitado hecho (fueron al menos dos los testigos presenciales, Julio Blengio y Vicente Sauer que estaba también trabajando su campo del otro lado de la vía), fue el que auxilió a los siete pasajeros llevándolos, ya entrada la noche, en su carro playo hasta el pueblo, quedando de custodios en el tren los dos motorman. Una vez en Carhué llamaron a la estación de Puente Alsina para que enviaran una grúa para encarrilar los dos módulos comprometidos. Esta grúa salió recién el domingo siguiente de Puente Alsina y estuvieron como diez días para encarrilar los dos módulos que estaban sobre el terraplén (el tercer módulo que no descarriló lo llevaron con una locomotora a la estación Rolito, la más próxima del ramal en dirección a Puente Alsina) y luego de eso los “catangos” se abocaron al arreglo de las vías que les llevó al menos una semana más. Vale decir, que estuvo como tres semanas sin correr el tren debido al accidente. En ese lapso de tiempo en que los dos módulos estuvieron tendidos sobre el terraplén pendiente abajo, no fueron pocos los que se acercaron a ver tan inusual paisaje. Al día siguiente el vecindario se dio cita de forma masiva a lo largo del día para contemplar ese cuadro y de paso ponerse al día entre las vecinas y vecinos ya que regularmente se veían a la pasada atareados con sus labores. También venían del pueblo para ver el acontecimiento y más aún, la maestra de la escuela Nº2, María Cristina Troncoso “Mari”, que se encontraba a casi 5 kilómetros del descarrilamiento, realizó más de una excursión con sus alumnos para ver los módulos descarrilados, entre los que se encontraban Omar Audisio, Jorge Blengio, Oscar Pérez, entre otros.

 ¿Y el caballo? Como toda historia, siempre hay un margen de duda, pasajes oscuros enredados con algo de misterio. Se trataba de un zaino, quien andaba suelto sin que nadie lo controlara y se cruzó seguramente de manera inesperada cuando el tren estaba pasando por esa latitud. En la vorágine de la situación los minutos pasaron hasta que anocheció y en esa oscuridad de la noche una mano invisible y misteriosa se aseguró de hacer desaparecer su identidad al cortarle el cuero donde se hallaba la marca, motivo por el cual en este tema no son más que rumores sobre la pertenencia del desgraciado equino. Por lo dicho, no se sabe de dónde salió, porqué estaba allí y a que dueño poco responsable pertenecía el desafortunado animal. Más allá de los rumores de los vecinos que, sabiendo el movimiento y las circunstancias de los que vivían en esos pagos, podían especular sobre el origen de ese caballo, ha quedado solo en eso, rumores y conjeturas difíciles hoy de desentrañar y que terminarán muriendo con la memoria de los que fueron testigos de aquel particular suceso en un día como cualquier otro en el Paraje Cilley.

MIDLAND FERROCARRIL CARHUE CILLEY
MIDLAND FERROCARRIL CARHUE CILLEY

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