FONDO GRAL MARIANO ESPINA

Gastón Partarrieu
GRAL MARIANO ESPINA  MANIOBRAS AMIENS 1881

En 1963, poco después de fundado el Museo Dr. Adolfo Alsina, se acercó a los miembros de la comisión fundadora el Dr. Mariano Espina, quien donó un interesante fondo documental sobre su padre, el General Mariano Espina, quien fue parte de la plana alcalde quien junto a Nicolás Levalle, ocuparon este paraje en abril de 1876 y fundaron Carhué.  

El Fondo está compuesto por reproducciones fotográficas, postales originales y una monografía inédita realizada por el donante, la que fue escrita para presentar al “4to Congreso de Monografías inéditas sobre Historia de los Pueblos de Buenos Aires”, concurso que se había realizado en 1961.

Este fondo contiene además hermosas e inéditas postales navales, de la etapa final de la ocupación de la Patagonia, realizada por el marino Santiago Juan Albarracin.    

EL APELLIDO ESPINA Y UNA TRADICION MILITAR

En la referida monografía, el Dr. Espina, hace un repaso de la tradición militar familiar: “Toda esta historia argentina la estoy escribiendo a través del Coronel propietario del Batallón de Dragones, que fue jefe de la escolta de Liniers, Don José de Espina , y de su hijo Mariano que luchó al lado del General Garibaldi en el sitio de Montevideo, contra Rosas y de su nieto (mi padre) el General Mariano Espina que deja la carrera de abogado en cuarto año, para marchar al Azul como Capitán de Guerra, y de Enrique Espina, su hermano, que hace toda la campaña al Paraguay en el célebre Batallón Provincial” [i]      

MARIANO ESPINA CALLORDA (1851 –1929)

Hijo de Mariano Espina, quien luchó con Garibaldi, a los 11 años ingresa a las fuerzas armadas. En las expediciones al desierto, siempre extraordinario coraje, estuvo bajo las ódenes de Levalle en la ocupación de Carhué.

En momentos de tensión con Chile, fue agregado a la legación argentina en Francia en Amiens, cuyo gobierno le confirió la Cruz de la Legión de Honor en 1881. Una copia fotográfica del fondo retrata este momento. Su hijo escribe en la citada monografía:

Terminadas las luchas provocadas por Ricardo Lopez Jordán con el asesinato del Gral Urquiza y seguidas de las que se producen por haberle escamoteado al Gral Mitre la mayoría electoral dado el prestigio que tenía en Buenos Aire y en todo el País y terminada la lucha contra el salvaje y la contienda contra Tejedor el 80, algo tenía que pasar para que la tranquilidad del país no fuera estable… vemos que Chile contrata un General Alemán y le da el cargo de Ministro de la Guerra y al mismo tiempo que prepara militarmente a sus ejércitos se traen las mejores armas de la época… No estaban conformes con el límite de la cordillera y eran pretendientes a una porción de tierra en el sur de la Patagonia. Argentina no puede permanecer sorda y ciega y procurar armas modernas y ponerse al día con la táctica militar. Con ese motivo es enviado a Europa el Tte Coronel espina que aparece en las fotografías adjuntas entre los jefes, de las distintas naciones ostentando en su chaquetilla la condecoración de la legión de honor Francesa con la cual fuera distinguido en esa oportunidad. Todos esos jefes se encuentran estudiando en las grandes maniobras de Amiens”

Con el grado de Coronel de Infantería, fue parte de la Revolución de 1890 y uno de los que primero tomaron las armas en el Parque de Artillería, cuartel general de la revolución. [ii]

En septiembre de 1892 por sus gestiones la Municipalidad de Buenos Aires donó a perpetuidad un lote en el entonces Cementerio del Norte (Recoleta) con el fin de que la Comisión bajo su presidencia y sostenimiento económico se encargara de erigir un mausoleo en homenaje a los caídos en la Revolución del Parque de Artillería de 1890 que en cuya bóveda interior descansen los restos de militares y civiles que perdieron la vida en dicha lucha Cívica. [iii]

En 1893, durante la sedición que estalló contra el gobierno de Luis Sáenz Peña, intentó con un barquichuelo auxiliar de la Armada apoderarse mediante un golpe sorpresa, de la escuadra que mandaba el Almirante Solier, varada en la rada. Esa acción le valió ser condenado a muerte. El presidente Sáenz Peña finalmente conmutó la pena y poco después se le restituyeron sus cargos militares.

El historiador Pablo Eduardo Vázquez lo describe así:

“Mariano Espina era un innegable patriota, había tenido como militar expedicionario de la Conquista del Desierto y creía en la grandeza de un Estado Republicano, en la civilidad y la causa nacional, por ende, fue un interminable seguidor de Leandro Alem y su causa contra el régimen oligárquico, “falaz y descreído”.

Su compromiso lo llevó a participar en la fundación de la Unión Cívica y luego ser uno de los Jefes militares de la Revolución del Parque en 1890”

Sobre el accionar de Mariano Espina en las revoluciones de 1890 y 1893, además de su participación en la creación de la Unión Cívica se puede consultar:  https://ucrhistoria.blogspot.com/2015/04/mariano-espina-militar-revolucionario -y.html [iv]

Retirado del servicio activo, el Poder Ejecutivo le confirió en el año 1923, los despachos de General de Brigada y su incorporación a la lista de los expedicionarios del desierto. Una foto original lo retrata ya en la ancianidad, descansando en su frondosa quinta de Ranelagh,

En cuanto a su vida civil, en el censo de 1895 figura en Buenos Aires, se lo disminuyó como “Soltero”, y se consignan 4 hijos: Mariano (9 años); Susana (8 años); Enrique (6 años) y Alberto (s-datos, se supone recién nacido).

En la monografía escrita por su hijo éste aporta que se casó con Susana Bertschmann y que murió un 17 de septiembre de 1929.

Está enterrado en el panteón de los caídos en la revolución de 1890 en el cementerio de La Recoleta.

EN CARHUE

Arribó junto a las tropas de la División Sud, comandada por el Crnl Nicolás Levalle. En 1877 al fundar el pueblo “Adolfo Alsina”, Levalle decide abandonar el fuerte militar para lo cual traza un pueblo con una plaza central en la que se arrancará en sus inmediaciones los cuarteles, destinado además lugar para botica, iglesia y proveeduría. Ofrecen entonces lotes de 50 x 50 para que civiles y militares construyan sus casas para asegurar la prosperidad del flamante pueblo. El coronel Mariano Espina entonces fue propietario de dos casas según plano de 1877 (lotes 28 y 30), las cuales estaban ubicadas en Rivadavia y Pellegrini (frente municipalidad, hoy Anses) y San Martín y Pellegrini (hoy Biblioteca Pública). Es probable que una de ellas haya sido su morada hasta 1880.

ESPINA Y EL COMBATE DE LA CHINCHILLA

El Comandante Manuel Prado en su libro “Cuarenta años de vida militar. Rasgos biográficos del Coronel D. Eduardo Munilla.” relata un episodio en el que fue decisivo la participación del Crnel Mariano Espina.: “En el mes de agosto de 1876 tomó también parte en el combate librado contra los indios que asesinaron al teniente Augusto Reyes, y que atacaron, de paso, a un convoy custodiado por el entonces teniente coronel Mariano Espina, en el camino de Azul a Carhué.

Este hecho, es decir el ataque al convoy mandado por el comandante Espina, es uno de los episodios más hermosos que registra la guerra de las fronteras y que vale la pena mencionar.

El comandante Espina escoltaba una tropa constituida por 14 carretas cargadas de víveres, destinadas a la división Carhué.

La fuerza que protegía esas carretas se componía de 14 peones, extranjeros muchos de ellos, de tres o cuatro soldados tropilleros y encargados de la boyada y del capataz — Don Federico el inglés— que era el contratista del arreo.

El comandante Espina tenía la costumbre de hacer marchar los carros adelante para no verse obligado él a seguir el paso lento y perezoso de los bueyes, pero todas las tardas, antes de acampar, alcanzaba al convoy y ordenaba las medidas de seguridad y vigilancia a observarse durante la noche.

El 5 de Agosto la tropa siguió la marcha como en los días anteriores, y el comandante Espina aguardó a que fuera tiempo de ponerse él en camino. Se había pasado del fuerte Lavalle y se hallaba en las mediaciones de la laguna de la Chinchilla.

Al caer la tarde, y cuando Espina alcanzaba su convoy descubrió que por varios puntos aparecían grandes y espesas polvaredas, anunciadoras de un malón formidable.

Apuró la marcha, y poniéndose al hablar con Don Federico le dijo:

—Vé Ud. esos polvos? Acusa la presencia de indios que nos han descubierto y que no han de tardar en atacarnos, Haga Ud. que las carretas se recuesten a la laguna y que formen un círculo para defendernos.

La maniobra se realizó rápidamente, e instantes después quedó improvisado, en plena pampa, un fuerte dentro del cual se encerraron los caballos y los bueyes.

En ese momento se incorporó al comandante Espina el sargento distinguido de Infantería José Boglich, hoy alcalde y presidente del tiro federal de Concordia, quien, con diez soldados de su cuerpo, formaba parte de la fuerza que escoltaba otro convoy en el cual se transportaban elementos para la construcción de la línea telegráfica de la nueva frontera con la capital federal.

Sin perder tiempo —ya que empezaban a descubrirse con toda claridad los indios que acudían al golpe, se abrió una pequeña zanja en torno de los carros, a fin de aumentar la defensa del punto.

En esa circunstancia, llegó a pocos metros de los carros un capitanejo a quien acompañaban dos mocetones, soberbiamente montados.

El indio, que había descubierto lo reducido de las fuerzas que mandaba Espina, habló de esta suerte. Entregando carretas hermano y perdonando vida. Dejando salir gente a Lavalle.

Acaso se proponía el pampa continuar su arenga, cuando echándose a la cara el comandante Espina el Winchester de que estaba armado, hizo fuego. El capitanejo abrió los brazos y cayó del caballo como fulminado. Los indios que lo acompañaban intentaron huir, pero dos nuevos disparos de Espina les hicieron morder el polvo.

La indiada, que se había detenido a poca distancia, al ver como se recibió a sus emisarios prorrumpió en alaridos atroces amagando una carga formidable. Entre tanto la escolta del convoy, templada con la actitud de su jefe, aprontaba las armas llenas de entusiasmo y de fe, cuando la horda atacó fue recibida con un fuego recio y certero qué la obligó a detenerse.

Los indios desplegaron entonces una guerrilla numerosa —pasaban los 50 los que la constituían— y contestaron el fuego, descargando los Remington de que venían armados.

El combate se había, pues, iniciado y no quedará otro recurso que el de pelear brava y bizarramente para morir con gloria.

Viendo la indiada que el asalto de las carretas era en ese momento difícil y arriesgado, simuló una retirada para volver al ataque cuando el sol empezaba a ocultarse en el horizonte; pero esta nueva intentona no tuvo mejor exito que la anterior.

En esto llegó la noche y el malón acampó promoviendo un sitio en toda regla, como lo indicaba el círculo de fogones que, a la distancia encerraba el pequeño fuerte dispuesto por las carretas.

Las fuerzas del comandante Espina, aprovecharon la tregua para comer, descansar en cuanto fuera posible, y sobre todo para disponer al combate que debía reanudarse a penas aclarase.

Cerca de la línea de los carros, a diez o doce cuadras de distancia, se destacaba un fogón de los indios, que debía ser algo así como una avanzada o un gran reten de vigilancia.

Al comandante Espina lo irritó la vecindad insolente de aquel fogón, y de tal manera lo obsesionaba que se dispuso a sorprenderlo, atacándolo con un grupo de soldados y peones.

Al efecto se animó al sitio en que descansaba el sargento Boglich y le recabó el concurso de la tropa que con éste se le había incorporado.

El sargento manifestó que la tropa estaba a disposición del comandante Espina, pero temía que el comandante estuviera envuelto por la nube de bárbaros y en este caso la destrucción del convoy era un hecho fatal e inevitable.

El comandante Espina iba a insistir en su propósito, cuando un nuevo y encarnizado ataque llevó de improvisación, obligó a los defensores de las carretas a rechazar la agresión.

Ya cerca del día, y hallándose recostado en la montura, el comandante Espina se levantó de arrepentimiento, movido por una intuición providencial, puesto que no había visto ni oído nada que justificara su actitud, y gritó.

-¡Todo el mundo a las armas!

La gente despertada de improvisación, corrió a su puesto, y entonces se descubrió una cosa singular y extraña. Cautelosamente se habían acercado numerosos grupos de indios, que se disponían a dar el asalto, cuando el grito de Espina los contuvo.

Se rompió el fuego, y después de una hora de lucha tenaz y encarnizada, la indiada se separó dejando en el campo numerosos muertos y llevándose infinidad de heridos.

Ya de día, y al disiparse la niebla, que había caído espesa y fría, el comandante Espina, que tenía a su lado al bravo sargento Boglich, pudo contemplar el desfile del malón —calculado en más de tres mil lanzas— con rumbo al Azul .

Cuando se perdió a lo lejos el polvo que levantaba la indiada, el comandante Espina, seguramente al capataz Don Federico, que siguiera la marcha a Carhué. Él se volvía acompañado de un solo individuo, el negro Domingo, trompa del batallón 8 de línea.

¿A dónde iba el comandante Espina?. A seguir la invasión, a observar el rumbo que llevaba, ya probar a las fuerzas que encontrase, para que estas a su vez no vacilaran y pudieran surgir directa y rap mente a los puntos amenazados.

No le preocupa la idea de que podría ser descubierta, y en este caso pagar con la vida su temeraria empresa. Comprendió que las tropas estarían desprevenidas que no sospecharían el rumbo ni la importancia del malón, y entonces quiso ser él quien las informara con exactitud y con acierto.

En esa correría, detrás de jinetes soberbiamente montados, pronto se le cansaron los caballos, y entonces continuó la marcha a pie llevando el recado a la cabeza.

Así fue encontrado por el alcalde Pablo Belisle, que recorría el campo al frente de un escuadrón de milicianos.

Los indios, en su marcha, llegaron más adentro del Azul, y atacaron a las peonadas que trabajaron en las líneas del ferrocarril.

Fue la invasión a la que aludimos una de las más grandes e imponentes. En ella venían Namuncurá y Catriel, Pincen y Baigorrita, indios de la pampa de diversas tribus y lanceros chilenos llegados a órdenes de los principales caciques del Neuquén.

Antes de tropezar con las carretas escoltadas por el comandante Espina, la indiada había encontrado al subteniente Reyes que se dirigía a Carhué, acompañado de dos soldados del 8 de infantería y de un oficial y dos indios baqueanos.

Esta pequeña tropa fue asesinada y, de tal manera mutilada que el sargento Boglich, a quien se le seguramente que, de regreso al Azul, recogiera los restos del subteniente Reyes para enviarlos a la capital, no pudo hallar más que la cabeza de aquel bravo y malogrado oficial.  

Prado, Manuel. “Cuarenta años de vida militar. Rasgos biográficos del Coronel D. Eduardo Munilla.”

Extraído del Semanario El Pueblo Nro 1669 de 1965, nota homenaje del Museo Dr. Adolfo Alsina al Gral Mariano Espina.    

EL TELEGRAFO LLEGA A CARHUÉ

Fue uno de los grandes inventos en las comunicaciones del siglo XIX. Fue vital en el proceso de avance de la frontera permitiendo las comunicaciones entre los puntos de las tierras ocupadas con lugares como Azul, punta del ferrocarril y centro neurálgico de la provincia o Bahía Blanca, puerta de la Patagonia.  

El Ministro Alsina comisiona a Santiago Buratovich [v]para que trace una línea telegráfica entre Bahía Blanca y Carhué. Para celebrar este evento se tomó esta fotografía inédita en la que se aprecian vestidos a lo gaucho, el Tte.Crnl Mariano Espina, edecán del Mtro Alsina junto a Santiago Buratovich, encargado de tender líneas telegráficas en la Campaña de 1876-1878. Se lee en un cartel en el fondo la palabra Carhué y acompañan la escena dos personas más, un descendiente afroamericano cebando mate y detrás posiblemente un habitante originario. El Dr. Espina en su monografía referida argumenta que esa foto fue tomada en una de las primeras casas de Carhué en 1878, sin embargo apreciando algunos detalles se puede pensar que difícilmente sea tomada aquí. En primer lugar se lucen paredes empapeladas, difícil pensar que ese tipo de material puede haber sido usado en esos primeros momentos, apenas meses de fundado el pueblo y en donde las pocas fotografías de época muestras la realidad de los ranchos y edificios existentes, todos bajos de adobe. Por otro lado si fuera una oficina telegráfica en Carhué, el cartel debería decir Azul, Bahía Blanca, etc. y no “Carhué”.

Más allá de estas apreciaciones la foto tiene una dedicatoria e historia que el Dr. Espina rememora:

“Esta fotografía era del Ingeniero Buratovich, quien hizo sacar una copia y la manda (al Gral Mariano Espina. Na) con la siguiente dedicatoria: Señor Coronel Mariano Espina, envióle esta copia en prueba de amistad a mi jefe, amigo y compañero valiente Coronel Espina que así obtuvo en mi presencia pruebas contra los salvajes y contra los civilizados. Cuando otros emprendieron fuga, el coronel Espina quedó de pue, firme, acompañándome en todos los encuentros civiles y militares sin retroceder jamás de su puesto, lo que es característico de mi amigo. Le estrecha la mano el amigo que lo aprecia, quedando a sus órdenes como siempre.”  

Santiago Buratovich. Caballito. Enero 7 de 1898.

DR. MARIANO ESPINA (HIJO)

Nacido en 1886, Mariano Espina (h) se recibió de Doctor en medicina en 1912, concluyendo sus tesis en 1913.

Con 15 años, allá por 1901 fue integrante de uno de los primeros clubes de foot-ball del país, el Alumni Athletic Club, fundado oficialmente en 1898. El fondo Espina contiene una foto del equipo de 1901, posiblemente de 2da categoría con jóvenes nacidos entre 1885 y 1887, entre los que se hallan Ricardo y José Guiraldes, Alejandro y Emilito Casares, Enrique Thweites Lastra, García Borda, Gowland, Lanús, Medina, entre otros. Dicha foto contiene de puño y letra del donante interesantes descripciones de los retratados y del club Alumni.

 Otra foto interesante es la que se aprecia a un ya anciano Dr. Mariano Espina junto a José Roger Balet, fundador en 1915 del Bazar Dos Mundos, negocio que marcó una época en Buenos Aires que llegó a tener decenas de sucursales en hermosos edificios. Roger Balet a partir de 1940 comenzó a donar edificios escolares en distintas provincias. La foto mencionó tiene escrito sobre el dorso, un puño y letra del Dr. Espina que en esa oportunidad le pidió una escuela para el pueblo de Carhué.

Otras de las fotos existentes en el fondo pertenecen a distintos momentos del Presidente de facto por 3 días, Arturo Franklin Rawson en donde Espina escribe distintas opiniones del momento político de esos años. Carlos Alberto Espina, otro de los hijos del Gral Mariano Espina se había casado con Dora Rawson Paz, emparentada con el presidente de Argentina. Eso podría explicar el porqué de la existencia de este material en el fondo.

La monografía de 1961 desarena distintos acontecimientos históricos militares que seguramente escuchó de su padre y entorno, haciendo evidente lo injusta que ha sido la historia con estos “obreros de la espada” y críticamente duro que muchos pueblos, parajes y estaciones llevan nombres de esposas de terratenientes, de terratenientes, de ingenieros del ferrocarril que apenas tuvieron una temporada en Argentina y son homenajeados como próceres dejando de lado de decenas de personas de ofrecieron su valentía y hasta su vida por el país, detallando largamente esos nombres.  

 

 

 

[i] Espina, Mariano, Dr. Monografia inédita presentada al 4to Congreso de Monografías inéditas sobre Historia de los Pueblos de Buenos Aires” 1961.

[ii]La Revolución del Parque de 1890 fue una insurrección cívico-militar protagonizada por la Unión Cívica liderada por Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, entre otros. Enmarcado en la profunda crisis económica y el malestar provocado por el permanente fraude electoral los “Cívicos” deciden tomar en la madrugada del 26 de julio de 1980 el Parque de Artillería de la ciudad de Buenos Aires con intenciones de provocar la renuncia del presidente Miguel Ángel Juárez Celman perteneciente al Partido Autonomista Nacional. Durante tres días se producirán numerosos enfrentamientos en distintos lugares de la ciudad que dejarán un saldo incierto de muertos estimado entre 150 y 300 sumándosele más de un millar de heridos. La revolución no próspero y fue derrotada por el gobierno nacional.

Los ecos de la revolución se hicieron escuchar rápidamente. El Presidente Juárez Celman a su regreso a Buenos Aires, ya que había abandonado la ciudad durante el conflicto, se encontró que tanto su antecesor Julio A. Roca como su vicepresidente Carlos Pellegrini, dos de sus principales aliados, le habían quitado el apoyo y sumado al rápido desmejoramiento de la situación económica se presentó la renuncia el 6 de agosto de 1890 la que fue aceptada inmediatamente por el Congreso designado a Pellegrini en su reemplazo.

Si bien el armisticio firmado en el Palacio Miró establecía que no se tomarían represalias con los revolucionarios, en los meses siguientes se producirían numerosas detenciones siendo algunos obligados a exiliarse. También tuvieron lugar algunas matanzas que tuvieron como clara motivación tomar venganza por el levantamiento y advertir sobre las consecuencias de nuevos intentos. Fuente: Wikipedia

[iii] https://ateneodelparque.org/

[iv] https://ucrhistoria.blogspot.com/2015/04/mariano-espina-militar-revolucionario-y.html

[v] Santiago Buratovich (croata: Jakov Buratović) nació en Vrbanj en la isla Hvar (hoy Croacia), en una familia que se dedicó a la construcción, y ese fue un oficio que Santiago continuó ejerciendo cuando marchó a Egipto a participar en la Construcción del Canal de Suez. En 1869 llega a Buenos Aires. En la Argentina, Buratovich tendió las líneas telegráficas del país. En 1876, en tiempos de la presidencia de Nicolás Avellaneda, el ministro de guerra, Adolfo Alsina, le asignó el cargo de Jefe Instructor del Telégrafo Nacional. Además de los ramales del telégrafo, líneas construidas de tranvías en Paraná y San Nicolás, proyectó las primeras líneas del Ferrocarril de Santa Fe, y ramales ferroviarios de Sauce a San José y Montevideo, y el puerto de Sauce, en la República Oriental del Uruguay .

En lo que se llamó Conquista del desierto, fue construyendo numerosos fortines desde Bahía Blanca hacia el sur, entre otros, Arroyo Seco, Pescado y Vanguardia.

Fue posteriormente distinguido con un diploma al mérito por Carlos Pellegrini en 1880 y el Presidente Julio A. Roca en 1882. Nació 15 de julio de 1846. Falleció 1 de Agosto de 1909 a los 63 años.

Este soldado profesional participa en la construcción del canal de Suez en Egipto, y luego en 1869 llega a Buenos Aires, ejerciendo funciones de Ingeniero y de soldado, participando en la Campaña del Desierto en época del general Julio A. Roca.

Adquiere un lote de 10 000 ha, en que fueron divididas las tierras conquistadas. El paraje se denominaba “Tres Chañares”, bautizando con ese apelativo su establecimiento.

1908, el "Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico" sección Bahía Blanca Noroeste, para prolongar una línea a Patagones, le pide a Buratovich, terrenos para edificar la "Estación Tres Chañares”, y mostrándole la ventaja de fundar un pueblo vecino.

1909, dona 1300 ha al Ferrocarril y tiene el anteproyecto del pueblo un año después.

1912, la empresa finaliza la Estación km 72", y el 1 de noviembre de 1913 se lo cambia por el de Mayor Buratovich.

Mayor Buratovich se encuentra a 92 km del puerto de Bahía Blanca, ya 779 km de la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República. Se ubica en la RN 3. Fuente Wikipedia.

[vi] Fuente: https://www.centronaval.org.ar/club/historia.html

[vii] https://dantellanos.com/mason/santiago-j-albarracin/#Perfil_del_Mason_Santiago_J_Albarracin

 

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