28 de agosto de 1943
SE INAUGURABA EL SALON TEATRO DE LA SOC. ITALIANA
Fue sin duda un adelanto para el pueblo, ya que desde 1926 Carhué no contaba con una sala para espectáculos durante todo el año. Estos salones de usos múltiples servían para muchos propósitos y por ello no tenían butacas ni declives, lo que permitía hacer grandes bailes, el evento más popular y que más acogida tenía en el público, ávido por disfrutar de una de las únicas diversiones de antaño. También en estos salones se efectuaban funciones de cine, de teatro, y hasta de boxeo. El primer salón de este tipo había sido el viejo Teatro Español que se perdió bajo las llamas en 1926.
Perdida la sala de los españoles, en 1928 la sociedad italiana bajo la comisión directiva encabezada por dn. Nazareno Buscarini, comienza a efectuar los estudios, que hoy llamaríamos “de factibilidad”, para levantar la sala que permitiría a los “tanos” retomar las épocas de gloria de sus famosos bailes del “XX de Septiembre”, fecha en que se conmemora la incorporación de Roma y se unifica totalmente la península.
Don Nazareno Buscarini (1879 Italia.-1958 Carhué) fue el verdadero pilar de la obra. Se había radicado en nuestra localidad desde muy joven, alcanzando en base a trabajo y esfuerzo una buena posición socio-económica. Buscarini fue relevante dentro de la colectividad Italiana, pues desde 1928 sería por cinco períodos consecutivos presidente de la institución, tocándole incluso organizar los festejos de los 50 años de la institución en mayo de 1934.
La sala de espectáculos comenzó a ser construida por la empresa Ardissono & Cia, que también habían iniciado las tareas de la sala española. Muchos fueron los italianos, en su mayoría chacareros, peones o empleados, que ponían su esfuerzo personal en el levantado del edificio. Los antiguos integrantes de la actual Comisión Directiva recuerdan el trabajo en tiempos libres de los Mobrici, José Verdi, Julio Teodori y Humberto Cappanera, entre muchos otros. El objetivo era tener una sala y aunque se tardó quince años, para agosto de 1943 estaba totalmente culminada. La empresa constructora Ardissono & Cia había sido fundada por Pascual Ardissono, nacido en Carhué, quién tuvo como asociado a Francisco Fasoli, venido de Italia, con el que encararon muchas de las obras más representativas del pueblo. Entre los años 1925 y 1927 y al mismo momento, construían el chalet del Dr. Razquin, el Edificio de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Carhué (Bib. Pública), el ensanche del “Hotel El Palacio” (Palacio de Gallo), y el Hotel del Sr. José Armitaño, entre otras obras menores.
ESPAÑOLES E ITALIANOS
Tanto la sociedad española como la italiana siempre habían tenido el anhelo de contar con una sala de espectáculos, para que con las utilidades económicas de estas, se puedan dar otros beneficios a sus asociados, pues el objetivo primordial de las sociedades era el socorro mutuo.
Sin embargo en casi todos los pueblos la colectividad española siempre fue la que hizo punta en construir salones de este tipo. Es que la riqueza cultural española, con sus bailes y su música, eclipsó largamente a otras colectividades, incluso la italiana. Por otra parte existen otros condicionamientos que pueden haber ayudado en tal diferenciación. Los españoles presentes en nuestro suelo desde los primeros días fueron logrando una posición económica que les permitía volcar su bagaje cultural, en arte, música, ballets, etc. En Carhué tenemos algunos casos notables como la Ea. Santa Irene de la familia Carballo, construida con muchos materiales importados de España, o el desaparecido patio Andaluz de la casa del Dr. Urlezaga Uranga, en calle Pellegrini. Aquí la gran parte de los más importantes comercios eran manejados por españoles o descendientes, lo que muestra su afinidad al mercadeo.
La inmigración italiana, mayormente de las zonas del sur de Italia, vino al país en épocas bastante más duras, con ansias de trabajar en oficios aprendidos en su tierra. Muchos abrieron pequeños talleres de sastre, de hojalatería, zapatería y otros, por su parte, se emplearon como peones de albañil hasta lograr su independencia como constructores. La mayoría se dedicó a las tareas rurales en pequeñas chacras, pero casi nunca con estas actividades llegaron a alcanzar la opulencia de algunos españoles, muy afectos a las cuestiones comerciales. Este es tan solo un punto de vista que lejos está de ser generalizante.
Quizá por ello en 1908 la Sociedad Española inaugura su salón teatro que permitía al pueblo (a las clases acomodadas) ver cine, teatro y algunas otras reuniones sociales como bailes de gala, fiestas patrias, etc. Pero como se dijo, su historia culminaría entre las llamas. Sin embargo la colectividad no abandonaría este eterno anhelo y de entre los escombros de la siniestrada sala comenzará su reconstrucción, tarea que al igual que la de los italianos, sería dificultosa y plagada de escollos. Más de quince años le demandaría culminar ese sueño.
LLEGA EL GRAN DIA
Ese día “El Pueblo” exponía lo siguiente: “Hoy a las 17 horas tendrá lugar la bendición del local a inaugurarse, ceremonia q’ estará a cargo del Rdo. Padre Dr. Amadeo Alvarez. Luego los invitados especiales serán obsequiados con un lunch. A las 21 horas se realizará una gran velada, con el concurso del cuadro filodramático “Amantes del Arte” integrado por aficionados locales.
Mañana a las 12 horas, será servido un almuerzo a la criolla, en las instalaciones de la Asociación Italiana y a las 21 horas se realizará un gran baile social amenizado por la orquesta Prícolo. [...]”
Los “Amantes Del Arte” bajo la dirección de Pedro Caruso llevarían a escena muchísimas obras que deleitaban a un público que tenía en el cine, el teatro y los bailes sus únicas diversiones.
Ese año fue para la comunidad local bastante auspicioso, Carhué parecía despertar de un letargo prolongado. También en agosto de 1943 se había inaugurado el modernísimo edificio del ACA, y a principios de ese año el viejo Hogar Saturnino Unzue de San José se incorporaba a la educación oficial. Al mismo tiempo iniciaba sus actividades educativas el instituto Incorporado “Aguirre”, selecto colegio privado que duró tan solo algunos años.
La importancia de estos hechos la podemos ver reflejada hoy cuando esas obras aún existen y continúan siendo representativas del avance o consolidación del pueblo.
FIN DE LA SUPREMACÍA
Sin embargo la colectividad española continuó trabajando y en 1945 inauguraba su teatro, el que aún hoy continúa como sala de cine. Por más de cinco años, hasta 1951, ambas salas serían hegemónicas a la hora del teatro y los bailes, pues los tradicionales salones del Hotel Epecuén y Hotel Roma eran historia, ya que habían desaparecido en 1942 y 1944, respectivamente.
Desde 1948 y con algunos intervalos la sala italiana acogió al “Cine Carhué”, propiedad de Juan Verdini, el que alternaba con funciones en Epecuén en el Hotel Las Familias. Durante 1951 terminaba la supremacía de tanos y gallegos, pues nacía el Cine Teatro Gran Sud, coloso propiedad de los hermanos Jardo. El Gran Sud ofrecía una sala preparada para estas funciones, con cómodas butacas dispuestas en pendiente para permitir una optima visión de espectador, entre otras muchas mejoras.
La sala de los italianos siempre tuvo la primacía de los grandes bailes que, se continuaron ininterrumpidamente hasta que esta actividad comenzó su decadencia. A fines de los años 60, específicamente en 1968 el señor Pedro Lorenzo Leal abre un cine al que denomina “Cine Gloria”, y que funcionará tan solo por una temporada, ya que la empresa propietaria del Gran Sud lo adquiere, rebautizando la sala como “Cine Colón”. La firma Nicanor Sierra & CIA reacondiciona la sala mediante la disposición de un hall de entrada y algunas otras modificaciones necesarias a la hora de utilizar como cine, el que solo funcionará un par de años.
Sin embargo el salón irá perdiendo esplendor y durante los ochenta y noventa será escenario deportivo, incluso un estadio de fútbol 5, momentos en que allí se había establecido la sede del Club Gauchos Epecuén. A principios de los noventas se efectuaron algunos bailes de carnaval que intentaban rememorar a los de Epecuén, pero la negra noche para el salón estaba por venir. Con más de 50 años, había sufrido la inundación, la falta de mantenimiento y hasta de una Comisión Directiva, pues la institución misma estaba casi desaparecida, desde mediados de los ochenta.
En 1997 se refunda la institución, a punto de perder su personería. Así se comienza una nueva etapa que tiene como basamento la recuperación total del edificio de 1884 y la gran sala ya largamente sexagenaria, para devolverle el esplendor que supo ganarse por el sacrificio de aquellos italianos que en sus días libres, iban a colocar ladrillo sobre ladrillo, sin más anhelos que el bien común.
GASTON PARTARRIEU
PUBLICADO EN SEMANARIO NUEVA ERA Nº 909 DE 2006