Tan solo nueve años habían pasado de la fundación del pueblo cuando mis bisabuelos llegaron a Carhué, aún estaban frescos los recuerdos de aquella larga disputa que ensangrentó las pampas.
La familia continuó aquí su vida de campesinos y estuvo entre aquellas que abrieron los primeros surcos y pusieron las primeras semillas en aquellos terrenos aun vírgenes de Carhué.
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ESTANCIA LA MERCED

ESTANCIA “LA MERCED” REFERENTE HISTÓRICO DE LOS PRIMEROS COLONOS EN LA PAMPA
Para fines del siglo XIX hubo algunas familias pioneras en la zona rural de Maza, como por ejemplo la de Pierre Paturlanne o Angel (padre) Otero, consideradas las primeras en arribar a estos parajes. Pero puede identificarse al primer grupo de gente instalada en conjunto, posterior a 1884 a aquellos del establecimiento La Merced de Tomás S. de Anchorena. Propiedad adquirida a fines de 1882 por este poderoso empresario y hombre de negocios, a los pocos años inició la explotación y se fue convirtiendo en polo de atracción para los inmigrantes y criollos que deseaban dedicarse a la agricultura. En sus inicios surgieron tímidamente los ranchos en la vastedad del fundo, mientras que el casco se terminó de construir el 11 de Noviembre de 1893.
La estancia se constituyó en un importante centro agroganadero a la vez que fue parada obligada para quien cruzaba su territorio con rumbos variados. Así es que por los años 1897 y 1898, se había convertido en posta de la Mensajería “La Protegida” del Sr. Felipe Masciocchi que unía Catriló con el Valle Argentino. Cuando pasó el ferrocarril por allí, la mensajería fue transferida al Sr. Justo Goicochea, que modificó la línea uniendo Catriló con Atreucó, pero manteniendo a “La Merced” como punto intermedio. También habría funcionado allí uno de los primeros juzgados de paz de todo el territorio de la provincia. Dicho juzgado no tuvo un edificio propio ni lugar fijo, ya que funcionó en 4 lugares distintos del tercer Departamento hasta que se instaló definitivamente en el pueblo de Macachín en 1904. Los 4 lugares donde funcionó recibieron distintos nombres de acuerdo a su ubicación, que por aquellos años han sido estancias de gran importancia en lo que se refiere a núcleo de población. El primer juzgado se llamó Mari Mamuel (desde 01/01/1894 hasta el 12/01/1896, y el primer acta de nacimiento asentado en el libro es del 06/03/1893), luego al trasladarse recibió el nombre de Valle Argentino (del 27/01/1896 hasta 21/3/1899), después fue Ojo de Agua, hasta 1902; hasta 1904 se denominó Pichí Carhué, y una vez efectivizada la fundación de un pueblo, Macachín, el registro se instaló en el naciente centro urbano en Marzo de 1904. Actualmente los libros de actas que pertenecieron a éste juzgado se encuentran en el juzgado de paz de Macachín.
Los cultivos de fines del siglo XIX en esta estancia, como en toda la región pampeana, eran principalmente de trigo, y aunque no hay datos concretos sobre el tonelaje de cargas ni de las estaciones en que se embarcaban, hay algunos indicios que permiten suponer que el cereal de “La Merced” era transportado en carretas a Uriburu y Lonquimay, estaciones más próximas habilitadas en 1897, varios años ántes de los ramales ferroviarios que pasaron por Maza.
Un antiguo poblador, Don Avelino Argüello, nacido en la estancia en 1908, me relató con detalles como se vivía allí. “Las casas eran de material y madera. Anchorena venía en un tren especial para el, con su familia y el personal que lo atendía. Traían todo, hasta el agua para tomar. En cada viaje se quedaban dos o tres meses. En la estancia se carneaba 1 novillo todos los días. Trabajaban más de 50 personas. Había muchos puestos repartidos en el campo y en cada uno vivía una familia. Mi padre trabajaba allí de contratista, hacía fardos y silos, para esto ocupaba 30 o 40 personas. El campo estaba muy poblado de vacas y caballos. Se hacían pasturas de alfalfa y se araba con caballos y arados de 1 o 2 rejas”.
“Anchorena vestía siempre con botas y cuando venía a la estancia la recorría en un Ford T., de los primeros que hubo. En las recorridas hacía el recuento de hacienda”.
“Los empleados cobraban en el escritorio de la estancia, en efectivo. La comida la proveía Anchorena. Los Domingos partía una volanta desde la estancia, a la que debían seguir a caballo los empleados para asistir a la misa, que se oficiaba en la Iglesia”.
“Había un médico que residía en la asistencia, edificio pegado a al Iglesia. Cuando había que comprar algo viajaban a Macachín, a veces a Maza”.
Un símbolo de la Familia Anchorena y de la Estancia La Merced fue sin dudas la iglesia que manda a edificar la señora Mercedes Riglos de Anchorena, en homenaje a su esposo fallecido. Para dicha construcción se contrató al Señor Ricardo Lanza, y para los trabajos de carpintería al Señor Leovigildo Carballo. Los altares y otros adornos fueron traídos directamente desde Italia. Mi abuela Noemí Carballo, hija de Leovigildo recuerda siempre que su papá le contaba que Anchorena se acercaba a él mientras trabajaba con las aberturas, y golpeándose las botas con un rebenque le decía: “Que tal carpintero, cómo le va ?
La Iglesia “Nuestra Señora de la Merced” fue inaugurada el 28 de Abril de 1918.
En 1920 la Familia Anchorena construye una Asistencia al lado de la Iglesia, un edificio muy bien equipado y atendido por un médico.
En 1925 fallece Mercedes Riglos, y heredan sus hijos. Posteriormente se producen las primeras ventas a personas no vinculadas con la familia Anchorena. Se hicieron propietarios entre otros Daniel Pacheco, Martín Arangoa, S. Alejo, Federico Honorio Majorel, A. Diez, Ravinde y Benvenuto.
Aparecen entonces las primeras colonias privadas dentro de la gran extensión que comprendía la Estancia La Merced. Ellas fueron San Miguel, San Victorio, y Elortondo.
TOMAS SEVERINO DE ANCHORENA
Legislador y comerciante, nació en Buenos Aires el 8 de Noviembre de 1827, y falleció allí el 29 de Agosto de 1899. Era hijo de Tomás Manuel de Anchorena (1783 – 1847), congresal en 1816 en Tucumán, y nieto de Juan Esteban de Anchorena, fundador de la familia argentina de ese apellido.
Intervino en las luchas de los porteños contra el general Urquiza y la divisa punzó y luchó a las órdenes de Mariano Varela, como soldado raso. En el año 1854 fue designado miembro del Superior tribunal de comercio; al año siguiente fue electo a la legislatura provincial y en 1860 formó parte de la convención encargada de examinar la constitución nacional. Durante la presidencia de Luis Sáenz Peña desempeñó por breve tiempo el cargo de ministro de relaciones exteriores. En general se apartó pronto de la vida política.
Como único hijo varón de una familia de 6 hermanos, Tomás S. estaba destinado a hacerse cargo de la administración de los intereses rurales de la familia. Su primera compra de tierra fue modesta: un campo de 3.000 hectáreas en Lobos, adquirido en sociedad con Mariano Acosta en 1857. Por varias décadas no volvió a adquirir propiedad rural. Tras la división de los bienes de su padre a comienzos de la década de 1870, Tomás heredó “Tres Lomas”, la propiedad de 24.300 hectáreas que su madre había comprado en Balcarce en 1854.
A fines de 1882 Tomás S. Se hizo dueño de 92.500 hectáreas en La Pampa, a las que llamó “La Merced”, que no se pusieron inmediatamente en producción. Al momento de su muerte, en 1899, se encontraba organizando 50.000 hectáreas, mientras que las restantes se hallaban “en precario estado de producción por no poder arrendarse a precio alguno”, según un artículo del diario La Prensa publicado el 30 de Agosto de 1899. Algunos años ántes, Tomás S. había adquirido sus últimas propiedades rurales. Gracias a una herencia recibida por su mujer, Mercedes Riglos, en 1890 había comprado unas 4.600 hectáreas en Bragado. Al morir en 1899, Tomás S. De Anchorena poseía más de 125.000 hectáreas. Esta cifra representaba el 62 % de sus bienes totales.
Se casó con Mercedes Riglos, hija de Miguel Riglos, y de éste matrimonio nacieron Dolores, Esteban, Joaquín Samuel, Victorio Hilario, Miguel, y Manuel Baldomero.
Hasta su muerte, ocurrida el 29 de Agosto de 1899, vivió en su casa de la calle Maipú en Buenos Aires. Tomás S. fue, como afirmaba La Prensa, “uno de los estancieros más fuertes del país”, el dueño de “una cuantiosa fortuna”.
JOAQUIN SAMUEL de ANCHORENA
Jurisconsulto, nació en Buenos Aires en 1876, hijo de Tomás Severino y Mercedes Riglos. Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Fue decano y profesor de la Facultad de Agronomía y Veterinaria desde el año 1943. También ha sido Diputado Nacional por el Partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires durante la presidencia de Sáenz Peña; interventor nacional en la provincia de Entre Ríos bajo el yrigoyenismo; presidente de la comisión nacional organizadora de la participación argentina en las exposiciones internacionales de Nueva York y San Francisco (1939); presidió en numerosas ocasiones instituciones tan prestigiosas como el Jockey Club y la Sociedad Rural; fue director de YPF y miembro de varias companias financieras, industriales y ganaderas, y una figura relevante de la Asociación del Trabajo.
El éxito que Joaquín alcanzó en todos estos espacios de interacción de las elites de la república contrasta marcadamente con los tropiezos que experimentó con sus finanzas privadas.
Luego de la muerte de su madre, Joaquín heredó parte de la estancia La Merced, dentro de la cual se ubicaba el recién fundado pueblo al que se puso el nombre de su abuelo Tomás Manuel de Anchorena. La piedra fundamental fue colocada por Don Joaquín en la estación ferroviaria el 14 de Abril de 1910. Falleció el 19 de Julio de 1961.
PUBLICADO EN REVISTA DE HISTORIA REGIONAL MUSEOS DEL DESIERTO Nº 7.
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