VILLA MAZA. SUS ORÍGENES

Federico Majorel
VILLA MAZA

 ABORIGENES, CAMPAÑA Y PRIMER PROPIETARIO

Las sociedades indígenas y blancas no constituían mundos aislados y separados. La frontera no era un límite o separación sino un área de interrelación entre dos mundos distintos donde tenían lugar procesos económicos, sociales, políticos y culturales específicos. (Mirta Zink, Historias...2002).

Para poder conocer quiénes habitaban y cómo vivían en nuestra región debemos remontarnos a fines del siglo XVIII, que es cuando se produjo un proceso llamado “araucanización”, definido como el ingreso de indígenas chilenos a las pampas con el objetivo de apropiarse de ganado vacuno de las estancias bonaerenses. De aquí surge el término “malones”, denominando así a las incursiones que hacían los indios para robar hacienda que luego sería comercializada en Chile. Recordemos que hasta la década de 1.830 las estancias eran abiertas, sin alambrados, y no se había establecido una línea de frontera. Fue durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en 1.833, que se realizó la primera campaña al desierto, con el fin de expulsar a los indios hacia el oeste.

Podemos decir entonces, que las principales tribus asentadas en la región, eran provenientes de la araucanía. Uno de los principales caciques (de origen araucano) que hubo en la región a mediados del siglo XIX fue sin dudas Calfucurá. Durante la segunda mitad del siglo XIX le sucedió su hijo Namuncurá.

El gobierno de Rosas se caracterizó por tener una relación pacífica con los indios, los cuales se beneficiaban con “regalos”como ganado, yerba, tabaco, azúcar, etc., a cambio de frenar el robo de hacienda a las estancias, que para el siglo XIX se había transformado en un importante comercio con Chile. Entre las tribus había algunas más amigas y otras que se rehusaban a concertar las paces, tal es el caso de los Ranqueles. Esta diferencia de actitud frente al gobierno provocó distintos tipos de enfrentamientos entre ellos, como ocurrió por ejemplo en el ataque de Masallé, en 1.834 donde murieron los caciques Melín y Rondeau, los más amigos de Rosas.

El 5 de Octubre de 1.875 el Congreso aprobó el proyecto de Adolfo Alsina votando 400.000 pesos fuertes para adelantar la frontera hasta la línea general: Italó, Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué, y Puán.

Nuestra zona, la de Villa Maza, se encontraba ubicada dentro de una gran extensión de tierra denominada por los indígenas Carhué, que significa “lugar verde”(Car: verde; Hue: lugar). Aquí no se documenta ningún asentamiento fijo, si no más bien fue una zona donde hubo algunas rastrilladas, aunque algunas fuentes orales indican que en un lote medanoso de la actual estancia El Pangaré, de Reigada, habría existido un reducto de aborígenes.

El fortín más cercano fue el de Leubucó, y su ubicación no tiene que ver con el poblado. Este fortín era uno de los levantados por la columna militar que desde Carhué avanzó hasta Río Negro, y estaba ubicado próximo a la actual localidad de Rivera.

Para la década de 1.870 era necesario expandir la frontera agrícola, terminar con el robo de hacienda y brindarle un marco de seguridad al nuevo habitante: el inmigrante. Dentro de ese contexto, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, es que se resuelve ponerle un punto final a dicha situación. Se organiza una expedición “tierra adentro” llamada campaña al desierto bajo la dirección del general Roca y financiada en parte mediante la venta de cédulas del gobierno, cada una de las cuales valía 400 pesos plata y era canjeable por una legua cuadrada (2.500 hectáreas), elegida a medida que avanzaba la frontera. En 1.878, reunido todo lo necesario, cinco columnas del Ejército parten de distintos lugares para cumplir su objetivo.

Después de 1.879 los aborígenes sobrevivientes que no lograron o quisieron escapar fueron tomados prisioneros, muchos trasladados a Buenos Aires donde se los cristianizó, y poco a poco incorporados a la vida civilizada.

En 1.882 la subasta pública ofreció las restantes tierras de frontera en parcelas de hasta 40.000 hectáreas de extensión. De modo que estas nuevas tierras pasaron directamente, como enormes propiedades, a manos de poderosos intereses pastoriles o especuladores.

MENSURA DE LAS TIERRAS

Inmediatamente después de la campaña al desierto, se procedió a la mensura de las tierras. Este trabajo estuvo a cargo del Departamento de Ingenieros Civiles, cuyo director general en ese momento fue el ingeniero Guillermo White. Además de los trabajos propios de agrimensura, cada agrimensor realizó un informe completo y detallado con mapas y croquis incluido sobre determinaciones astronómicas de latitud y azimut, planillas de superficie, planos, cartografía, morfología, determinando áreas boscosas, discriminando en monte alto y fachinal, áreas medanosas, aguadas, aclarando si se trata de agua dulce o salada, pastos, especificando nombres o si son pastos duros o tiernos, caminos, y cualquier otra cosa que resultase importante de destacar como por ejemplo donde se encontró vestigios de tolderías de indios.

Cada agrimensor recibió las respectivas instrucciones, y correspondió a cada uno de ellos el trabajo de una sección en el caso de la Pampa Central, cuya superficie era de 1.000.000 de hectáreas, dividida la sección en cuatro fracciones, y cada fracción en 25 lotes de 10.000 hectáreas, o sea 4 leguas cuadradas.

Es decir, que el agrimensor debía recorrer el perímetro de cada lote de 10.000 hectáreas, o sea un cuadrado de 10 km. por 10 km., midiendo y amojonando dicha línea del terreno cada media legua (2.500 metros). Los mojones eran de tierra, de forma cónica y de las dimensiones siguientes: los mojones esquineros tres metros de base por un metro y medio de altura. Los mojones de la legua (los intermedios de cada lado de 10 km.) median dos metros de base por un metro de altura, y los intermedios uno y medio de base por setenta centímetros de altura. La tierra necesaria para estos mojones se tomó de zanjas hechas rodeando la base de dichos conos, dejando una parte de medio metro entre dichas bases y el principio de las zanjas y la profundidad de estas no menor a medio metro. Los mojones esquineros tenían colocados una estaca de madera con una chapa de zinc indicando la sección y número de lote.

El Meridiano Quinto, límite de provincias de Buenos Aires y La Pampa, fue trazado por el Ingeniero Pirovano. La Segunda Sección de La Pampa por el Ingeniero Maqueda, y la Tercera Sección de La Pampa (al sur de la Segunda y ambas limitadas al este con la provincia de Buenos Aires) fue trazada por el Ingeniero Justo Dillón.

En la descripción hecha por el Ingeniero Dillón del Lote 5 Sección B, Tercera Sección de La Pampa, en el año 1881, aparece descrito un médano con aguada mencionado con el nombre de “Patrio Moro”. Es el punto referente histórico más próximo al pueblo de Maza, que por aquellos años era un inmenso desierto, ubicado en mapas antiguos. Actualmente este médano se encuentra dentro de la estancia “El Triangulo” a unos 3000 metros del pueblo.

SATURNINO ENRIQUE UNZUE

Hacendado, uno de los precursores de la moderna ganadería nacional. Nació en 1826 y falleció en 1886. Su abuelo Francisco Unzué fue el fundador del linaje en la Argentina, había sido comerciante y alto funcionario capitular en el Buenos Aires de fines del siglo XVIII. Su padre, el mayor de los hijos de Francisco, llamado también Saturnino, compró campos, tuvo barracas de frutos del país y dejó un apreciable patrimonio al morir en 1854. Pero fue Saturnino E., miembro de la tercera generación, quien dio un vuelco decisivo a los negocios familiares. Estanciero, acopiador de lanas, banquero privado, y hábil especulador en tierras, financió la malograda revolución que en 1874 encabezó el ex presidente Bartolomé Mitre en protesta contra la elección del candidato presidencial que sucedería a Sarmiento y que culminó en el combate de La Verde, librado en terrenos que forman parte de Huetel, estancia de Unzué ubicada en el partido de 25 de Mayo, una de las más suntuosas del país.

La ley de premios sancionada el 2 de Septiembre de 1.885 por el Congreso nacional con el N 1682, concedía en premio a los expedicionarios al desierto, fracciones de la tierra conquistada. Se habían reconquistado 400.000 km2 y la historia de éste reparto de tierra es una página oscura que contrasta con el sacrificio de jefes, oficiales y soldados.

Los títulos de propiedad de la tierra pública obtenida en la conquista del desierto no fueron, siempre de quienes efectivamente habían participado del empréstito que se lanzara con ese objetivo.

El 4 de Enero de 1.881, don Saturnino Unzué, solicita la escrituración de lotes de la segunda Sección de Tierras Públicas (luego de la Campaña del Desierto las tierras fueron subdivididas en lotes de 10.000 has., o sea 4 leguas cuadradas). El 15 de Junio de ese mismo año se suspendió esta solicitud de escrituración, a pedido de don Roberto Inglés Runciman, que también solicitaba las mismas tierras.

Los planos definitivos con las adjudicaciones habían sido aprobados el 10 de Mayo de 1.881, pero debido a las numerosas protestas que se produjeron con respecto a las ubicaciones, éstas fueron modificadas, por el Ministro de Hacienda el 7 de Septiembre del mismo año.

Según el plano N 3 del trabajo “La Campaña del Desierto y El Problema de la Tierra” presentado por Enrique M. Barba y un grupo de profesoras del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de La Plata, al Segundo Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, don Saturnino Unzué obtuvo entre 1.883 y 1.890, 25 lotes de la Segunda Sección de Tierras Públicas.

Según el duplicado de mensura N 28 de Guaminí, don Saturnino Unzué, suscriptor de 100 acciones en la suscripción de Tierras decretada por Leyes de la Nación de 5 y 16 de Octubre de 1.878, se le adjudicaron por decreto del 7 y 17 de Octubre de 1.881 los lotes N 86, 87, 88, 89, 90, 91, 98, 99, 100, 101, 102, 103, 107, 108, 109, 110, 111, 112, 115, 116, 117, 120, y los lotes designados con la letra B, C, y D. de la Segunda Sección de los terrenos cedidos por la Provincia de Buenos Aires a la Nación.

Casado con Concepción Gutiérrez, fue un importante hacendado de la época, muy próspero e influyente en la política porteña de las décadas del 70 y 80. Organizó muchas estancias en la provincia de Buenos Aires, como ‘San Jacinto’, en Mercedes, ‘La Concepción’ en Adolfo Alsina y otras en Ramallo y Rojas. Tuvo 4 hijos: Saturnino J., a quien llamaban Saturno; María, casada con Angel T. de Alvear; Angela, casada con Rodolfo Àlzaga y Concepción, los cuales a la muerte de su padre heredaron 420.000 hectáres en varias estancias repartidas, además de muchas propiedades urbanas.

SATURNINO JOSE UNZUE

Saturnino J., nacido en 1863 y fallecido el 17 de Octubre de 1950, heredó de su padre Saturnino E. Unzué los campos de Adolfo Alsina, donde actualmente se encuentra el pueblo de Maza. Casado con Inés Dorrego y Lezica el 28 de Agosto de 1894, no tuvieron hijos, pero sí adoptaron una niña de nombre Juanita Díaz, que siendo mayor se casó con un duque de Francia.

Se dedicó al progreso de sus establecimientos de campo, en los que procuró mejorar la ganadería; logró excelentes resultados en la cabaña San Jacinto, destinada a la procreación de la raza Shorthorn y a la cría de caballos de carrera. Al fundarse el Banco de la Nación Argentina formó parte del primer directorio. Realizó en unión con su esposa una obra social persistente. En la ciudad de Mercedes hizo levantar una basílica y dos asilos, el San José y Saturnino E. Unzué, éste último en honor a su padre; en Mar del Plata juntamente con sus hermanos, donó el asilo del mismo nombre. También hizo entrega de la finca denominada Monte Dorrego, en San Justo, a la Sociedad de Beneficencia de la Capital.

En 1.902, Saturnino encomendó a la Empresa Colonización Stroeder la difícil tarea de colonizar estas tierras. Don Hugo Stroeder, fundador y jefe de la empresa, con la experiencia recogida en sus anteriores colonizaciones en las provincias de Santa Fé, Córdoba y parte de la provincia de Buenos Aires, emprendió con entusiasmo la tarea de buscar gente decidida que quisiera venir a estas tierras. Fue entonces que Don Federico Honorio Majorel, hombre de confianza de Stroeder, recorrió estos parajes desérticos, para dar su visto bueno a éste  proyecto. Así nació el pueblo de Salliqueló y la colonia La Nueva Salliqueló.

En 1949, una fracción de estos campos denominada La Inés, de casi 5.000 hectáreas, es vendida a hijos de Luis Etchegaray, quienes decidieron conservar el nombre elegido por Saturnino en honor a su esposa.

PUBLICADO EN REVISTA DE HISTORIA REGIONAL "MUSEOS DEL DESIERTO" Nº 8. SECCIÓN VILLA MAZA

UNZUE SATURNINO ENRIQUE

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