963. EL RECORD DE CHARITO GERMANÓ
Jamás Carhué había visto tantos aviones pasar por su cielo. Algunos recordaban aquellas increíbles jornadas de 1929 en las que el ejército había efectuado las primeras prácticas de la aviación militar argentina a orillas de la laguna de Epecuén con sus flamantes naves de combate. Pero esto era diferente. Mas de 55 aviones de diversas clases, envergaduras y colores habían estado surcando el cielo y aterrizando en las flamantes instalaciones del Aéro Club Carhué. Exactamente el calendario marcaba 24 de noviembre de 1951, luego de una enorme tarea de un núcleo de aficionados, se inauguraban oficialmente las instalaciones que sumaban un hangar, las herramientas y dos aeroplanos, un Boyerito y un Piper Cub enviados por la Dirección de Aeronáutica. Desde que su creación el 9 de junio de 1947 se había trabajado afanosamente para llegar a este momento. Mucho de esto se había conseguido gracias a los aportes, sugerencias y apoyo moral del Dr. Arturo D. Vatteone, Director de Aeronáutica Civil y Deportiva, hijo homónimo del pionero del turismo en Epecuén. Meses atrás, el 29 de mayo la resolución Nº 4117 firmada por él disponía la habilitación oficial de Aéro Club Carhué.
El júbilo de los preparativos para esta fiesta de proporciones regionales, al decir de los medios de prensa locales, se había visto nublado por una tragedia. Un hijo de Carhué, piloto, perdía la vida en un accidente aéreo conmocionando al país entero. Mauricio Robilotte, hijo de Jacinto V. Robilotte e Isabel Robilotta, casado con Nelly Ciuro y con dos hijos, Carlos Daniel y Mauricio, el 11 de junio de ese año cuando efectuaba un vuelo sanitario de Buenos Aires-Ushuaia-Buenos Aires para la Dirección Gral. De Aeronáutica Civil y Deportiva, debido a las condiciones climáticas se precipitaba a tierra en Tres Picos, en Saldungaray. La totalidad del pasaje, unas 8 personas pierden la vida. Mauricio no tenía aún 40 años. Eva Duarte en persona entregaba una medalla a su esposa en una emotiva ceremonia, pocos días después.
Esta tragedia sumada a demoras de orden técnico, de trámites e inspecciones hicieron que la fiesta, en un principio pensada para mediados de ese año se retrase hasta finales de noviembre.
Ese día 24 desde las primeras luces y hora tras hora siempre un motor retumbaba desde algún punto cardinal. Como a las 10:30 ya estaban casi todos en tierra en las inmediaciones del novel hangar y media hora mas tarde se izaba el Pabellón Nacional en el blanco mástil del jardín demarcado con unos tan pequeños pinos que muchos descreían que alguna vez llegaran a ser frondosos árboles.
Sobresalía entre la mayoría masculina la figura de una bella joven de apenas unos 15 o 16 años que, para algunos era la hija de una de las personalidades que se encontraban allí y que mas expectativa había causado su arribo. Era el intrépido acróbata del aire Santiago Germanó, de cincuenta años recién cumplidos ese 1ro de noviembre. La joven adolescente era en realidad su alumna predilecta luego de aquella inolvidable Carolina Lorenzini o Carola, quien había sido su discípula y compañera de acrobacias hasta que se había matado exactamente diez años y un día antes, un 23 de noviembre de 1941 en una exhibición que nunca debería haber realizado con ese avión que no era el suyo.
La nueva alumna de Germanó, de pelo castaño vestida con una chaqueta marrón y un pantalón claro seguía a su maestro en cada movimiento que hacía entre la multitud. La historia de Amparo Maneyro Segado, ese era su nombre, era muy particular. El volar puede decirse lo traía en la sangre. Había nacido en Lyón, Francia, en 1936 y su padre había sido piloto de la L’armée de l’air (Fuerza Aérea Francesa), siendo abatido en 1942 en combate aéreo con la Alemania Nazi, dejando huérfana a Amparo cuyo nombre francés fue Marie Rosaire Janfrou. De Rosaire o Rosario provenía su sobrenombre ‘Charito’ por el que todos la reconocían desde niña. Al quedar huérfana había sido rescatada por las hermanas franciscanas que luego junto a centenares de niñas fueron dispersadas por toda Latinoamérica, especialmente en Argentina y Brasil, tocándole a la pequeña “charito” de ocho años nuestro país.
Con las Franciscanas recibió educación, el idioma español y hasta la una cierta convicción de que iba a ser una hermana más de la congregación, incluso fue por tres años novicia. Pero no era su vocación, la suya estaba en los cielos, aún soñaba con aquellos imponentes aviones de combate que pilotaba su padre. Nunca había dejado de mirar los cielos con nostalgia.
La congregación al ver que la religión no era su vocación la acercó para que comience un curso de piloto con una personalidad del aire, el famoso acróbata, como pocos tuvo el país, Santiago Germanó. ‘Charito’ tenía tan solo 15 años y a las ocho horas de vuelo bajo ‘doble comando’ ya lo hacia sola, es que tenía una sensibilidad innata para los sensibles comandos de un aeroplano. A los cincos meses, el 7 de junio de 1951 recibía el Brevet de piloto civil es decir la licencia para conducir aviones.
Su maestro se dio cuanta rápidamente de sus condiciones y por ello a los pocos meses recibir su licencia, ‘Charito’ se animó a efectuar acrobacias y cuando tomó confianza de sus posibilidades a batir el record de ‘Looping the loop’ que es una prueba de vuelta sobre vuelta y que había sido la gran Carolina Lorenzini su gran cultora.
Hasta ese momento de 1951 el record mundial lo ostentaba la también argentina María del Carmen Romero con 766 ‘looping’. La primera vez que el ambiente escuchaba el nombre de Charito Maneyro Segado fue cuando en San Fernando batía el record con 857 vueltas, alumbrada en las últimas 200 por las luces en tierra de una ambulancia que le servía de referencia.
La reacción de la Srta Romero fue inmediata y a los meses lo reconquistó con 887 giros. Había nacido una gran rivalidad aérea.
Dispuesta a batir ese nuevo record vio una buena oportunidad cuando le llegaba a Santiago Germanó la invitación para un gran festival aéreo en el sur de la provincia de Buenos Aires, en Carhué.
FESTIVAL AERONAUTICO Y RECORD
Para el festival de los días sábado 24 y domingo 25 de noviembre se esperaba la asistencia de miles de personas ávidas por ver aviones, lanzamientos de paracaidistas y en especial las hazañas acrobáticas del ‘campeón mundial’ Santiago Germanó, quien ya había paseado éstas por todo Sudamérica, en Montevideo por ejemplo, junto a Carola Lorenzini ante casi 50.000 personas, en Río de Janeiro también frente a miles, convirtiéndolos en los mejores acróbatas del continente. Y carhué tenía ese lujo aquel torrido mes de noviembre de 1951..
El sábado el programa establecía la bendición de la Imagen de la Virgen de Loreto, patrona de la aviación mundial, la inauguración del monolito con que la clase 1931 homenajeaba al malogrado Mauricio Robilotte.
Por la tarde, alrededor de las 16 hrs “ … El amarillo FW-44J, matrícula LV-YZM, montado sobre la línea blanca de prueba con las calzas trabando el avance, gira su hélice a bajas revoluciones. Dos ayudantes caminan hasta el centro del campo y extienden -apoyado sobre dos botellas paradas- un gran pañuelo blanco. Don Santiago hace una seña y el mecánico quita las calzas; el FW-44 se aleja bamboleante sobre la hierba, se alinea sobre el eje de la pista, acelera, corre, levanta la cola y despega... A un metro del terreno se nivela y paulatinamente va cobrando velocidad, que acumula hasta llegar al alambrado lindero; luego trepa casi verticalmente a la vez que gira escarpado. Es la clásica “candela”. Y asciende (…) marcando los límites del aeroclub hasta convertirse en un pequeño punto en el cielo. El ruido del motor se apaga bruscamente, la nariz se eleva y, como si hubiera sido cortado un hilo invisible, el fw-44 cae en tirabuzón... Una vuelta, otra, otra... y lo que era un pequeño punto cobra dimensiones. Los detalles comienzan a apreciarse, ya se alcanza a leer la matrícula y a escasos cincuenta metros sobre el campo cesa la rotación, se recupera de la picada y pasa en vuelo rasante a lo largo de la pista. El zumbido del viento a través de los tensores supera el ruido del motor. El biplano se aleja, vira luego escarpado en redondo y regresa sobre el campo. Antes de trasponer los límites efectúa un medio tonel y queda invertido. Desciende lentamente; 30 metros, 20, 10.... pasa sobre el alambrado que limita el aeródromo y desciende aún más. Parece que la hélice va a tocar el terreno y, con el motor al máximo de revoluciones, pasa sobre el pañuelo blanco depositado sobre la pista y con la punta del ala izquierda lo recoge. Luego se eleva no más de diez metros, ejecuta un impecable medio tonel y regresa para el aterrizaje.” [i] Carhué explota en un cerrado aplauso que se percibía cada vez más fuerte al momento de que el motor se acallaba.
Mientras Germanó hacia sus ‘piruetas’ otro avión había despegado y al aterrizar éste arrojaba a dos paracaidistas que, balanceándose lentamente iban a caer en la pista para beneplácito del público.
AQUEL DOMINGO INOLVIDABLE
Al día siguiente era el turno de Amparo Maneyro Segado dispuesta a batir el record de Maria del Carmen Romero de 887 loopings. A las 6:30 el Piper biplaza J3 de 65 caballos despertaba a muchos carhuenses comenzando a dar un rizo tras otro. La gente poco a poco, en especial los madrugadores comenzaron a mirar al cielo y muchos enfilaron hacia el Aéro Club y allí, en sus autos o simplemente en el suelo la saludaban a cada giro. Y giró… y giró… hasta que el avión se quedó sin combustible, tras increíbles 2 horas y 45 minutos. La Dirección de Aeronáutica había enviado fiscalizadores que instalados en la pista habian monitoreado el acontecimiento. Cuando “charito” bajó del avión le dieron las felicitaciones junto con un ramo de flores en nombre también del Aéro Club Carhué. Había batido ampliamente el record con increíbles 963 giros. Abrazos, fotografías y felicitaciones no le faltaron, hasta el padre Álvarez, integrante del Aéro Club hizo repicar las campanas de la iglesia, pero ella espera el saludo de su gran maestro que emocionado la abrazó.
Ese record mundial de 963 ‘looping of loop’ quien sabe si alguna vez volvió a ser batido. Puede ser que si, no lo sabemos. Con sus acrobacias y su record logrado en Carhué ‘Charito’ pudo viajar por el mundo, incluso, llegó hasta Inglaterra para participar de las “Nacional Air Races ” el 20 y 21 de julio de 1956 por el Trofeo Lockheed en el aeródromo de Baginton, cerca de Coventry. Nuestro país vivía momentos muy complejos entonces y Santiago y Charito habían pedido asilo político a Uruguay con lo que estuvo en duda su participación hasta último momento, pues nuestro país podía solicitar el retiro de ambos pilotos, situación que no se dio y que les permitió finalmente participar e incluso darse el lujo de que la mismísima reina Isabel II los agasaje compartiendo el te a las cinco en punto en su palacio al día siguiente.
CHARITO DESPUES
Las exhibiciones y los viajes de ‘Charito’ Maneyro Segado se sucedieron ininterrumpidamente luego de este record. En 1958 su admirado maestro se convertiría en su esposo. Ella ya tenía cumplidos sus 22 años.
´Charito Germanó’ continuó proponiéndose desafíos; tomó un curso de helicopterista obsequiado por el Ejército pero no era lo suyo. Lo suyo era el avión con motor, como dijo en alguna entrevista “me sentía como en una chocolatera” al recordar su experiencia en un helicóptero. Voló planeadores, practicó equitación, natación y hasta participó en competencias de motonáutica.
El eterno roce con el peligro la llevaría en más de una oportunidad estar cara a cara con la muerte, como cuando regresaba de una reunión aeronáutica de la ciudad de San Pablo, Brasil, en un Focke Wulff descubierto. Para acortar tiempo había decidido cruzar el Golfo de Santa Catalina y de pronto por alguna gota de agua en el combustible, su avión comenzó a fallar y ‘cortarse el motor’, perdiendo altura de manera irrecuperable, lo que la hizo inmediatamente mirar hacia abajo y ver algo que la espantó más aún, que el hecho de tener que amarizar. Estaba infestado de tiburones, así que lo único que atino fue a desatarse y comenzar a rezar a Dios y a la Virgen de Loreto, encomendándose a de lleno a estos. La maldita gota finalmente pasó y el motor se recuperó salvando su vida. Cuando llegó al aeropuerto de Torres no pudo articular palabras por un largo rato. Había estado a segundos de la muerte.
Charito, que gustaba de la música de Strauss, que alternaba sus pasiones con la escritura de nunca revelados poemas, hasta los años 90 continuaba brindando exhibiciones a beneficio de colegios, hospitales y entidades de bien público. Su esposo el gran Santiago había fallecido el 4 de junio de 1978.
Quien sabe hoy que será de la vida de Charito, aquella niña que el 25 de noviembre de 1951 en Carhué batía el Record Mundial de ‘Looping’ con 963 giros.
Fuentes:
*Semanarios “El Pueblo” Año 1951
*Serruya, Esther Beatriz, “La Mujer Pájaro” La Nueva Provincia, 30 de junio de 1991
*Diario San Rafael. 2008. On line. Internet.
*Revista Fligth, 20 de julio de 1956. Internet. : http://www.flightglobal.com/pdfarchive/view/1956/1956%20-%200960.html
*Aero Club Carhué.
[i] Probablemente esta haya sido la rutina utilizada también en el Festival Aeronáutico aunque es probable que no sea con el mismo aeroplano, según las fotos. Tomado de: http://www.choiquehobbies.com.ar/revista/notas/fw44/fw44.htm Esta descripción corresponde a un festival aéreo en noviembre de 1953.
*Gastón Partarrieu.
Director Museo R. “Dr. Adolfo Alsina”