RIVERA Y SUS COLONIAS: Impresiones de los años cincuentas.
No es posible referirnos a Rivera con conceptos inéditos. Todo está escrito en los libros editados en el Cincuentenario primero y en el Centenario después. Pero tampoco es posible referirse a cualquier aspecto de este pueblo sin hacer referencia a sus orígenes, a los pueblos que dieron vida a las colonias que rodean a Rivera, primeros pobladores blancos que ocuparon las tierras donde hasta 1876 habitaron los aborígenes.
La fundación de Rivera data de 1905. Nació como consecuencia de la respuesta de remotos confines europeos a la apertura a la inmigración que nuestro país formuló a través de la Constitución Argentina sancionada en 1853.
Los fundamentos de nuestra Constitución, desde las bases establecidas por Juan Bautista Alberdi, son claros y precisos. Emociona la expresión que cierra el prólogo: “Y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.”. Pero desde estos conceptos de Alberdi, previos a la sanción de la Constitución, hasta la llegada de los primeros grupos de inmigrantes pasó medio siglo. El país evolucionó, por eso no debe llamar nuestra atención que cuando la inmigración se hizo efectiva la realidad encontrada por los inmigrantes no estuviera del todo a tono con los principios enunciados.
En Buenos Aires se había levantado un Hotel de Inmigrantes, lugar que los albergaría los primeros días vividos en el país. Luego cada grupo tendría su propio destino.
CAMBIOS ÉTNICOS QUE HACEN A LA HISTORIA DE RIVERA
Yo no nací en Rivera. Llegué aquí el 19 de septiembre de 1956, al atardecer. Al día siguiente ya estaba trabajando en la Escuela Nº 12 con traslado, en el turno mañana, y en el instituto Mariano Moreno, turno tarde, sin tiempo para la adaptación a un medio totalmente distinto del que había conocido hasta ese momento.
Muchos inmigrantes judíos, o sus descendientes, ya habían cambiado la vida pueblerina por la ciudadana, pero aún era importante la presencia de la colectividad israelita.
Caminar por las calles de Rivera en aquel tiempo me colocaba ante el cambio. Pasar por la vereda, frente a la Cooperativa Granjeros Unidos, donde los parroquianos hablaban “Idish”, lengua que yo desconocía, después de dejar sus carros rusos tirados por caballos, atados a los árboles; entrar en un negocio atendido por sus dueños, un matrimonio que entre ellos hablaban idish y con los clientes, castellano; abrir el registro del aula y encontrarse con apellidos tan difíciles que a veces los mismos alumnos me enseñaban a pronunciar...
Estas impresiones eran superiores en la enseñanza media. Desde el principio el Instituto Mariano Moreno tenía sus puertas abiertas para todos, pero mucha población no judía todavía no veía la necesidad de continuar sus estudios cuando terminaba la escuela primaria.
El colegio tenía poca inscripción y la mayoría de los inscriptos eran judíos prácticos en su religión, de manera que llegas las fiestas de Año Nuevo o Pascua, no dictábamos clase por ausencia de los alumnos.
Todo me sorprendía: caminar por las calles polvorientas o cubiertas de lodo; encontrarme ante un cartel sobre una de las paredes del Tiro federal que decía: “Prohibido comer girasol”. Pero al mismo tiempo volver a sorprenderme cuando llegó la primera festividad religiosa judía y una familia me abrió las puertas de su casas para compartir la cena y la festividad. Y volver a sorprenderme cuando con nuestros alumnos llegábamos a la plaza para celebrar el 25 de Mayo y encontrar a la primera persona que se hacía presente para honrar nuestra bandera y escuchar nuestro himno con una evidente actitud de respeto. Ese era el Sr. Dorenztein, el mismo que hablaba idish con su esposa ante mi asombro.
Así era Rivera todavía en la década del ’50. Después la población cambió con la llegada de nuevos habitantes.
No mucho tiempo después, para la fiesta de Ion Kippur (El Día Del Perdón) llegué al Colegio y encontré numerosos alumnos en el aula y se me ocurrió sacar los porcentajes de presentismo. Teníamos en el colegio el 60% de alumnos presentes. ¿Qué había ocurrido?. Había aumentado por migración el pueblo no judío.
Este es un aspecto importante que hace a la historia de Rivera y a comprender sus cambios.
PUBLICADO EN REVISTA MUSEOS DEL DESIERTO Nº 1 . AÑO 2006
NOTA: EN 2020 Por inquietud de ambos bloques, el hall del HCD lleva el nombre ADELINA CASTILLO DE ALCAYAGA por ser la Primera Mujer Concejala de Adolfo Alsina (1983-1987).