BIEN PATRIMONIAL ARQUITECTÓNICO: CEMENTERIO INUNDADO

CEMENTERIO INUNDADO

1890

Ordenanza Municipal Nº 3858/2014

La piedra fundamental de este cementerio fue colocada el 2 de noviembre de 1890. Fue el tercer cementerio que desde 1876 había tenido Carhué.  Ubicado a más de 20 cuadras de la Plaza, en terrenos donde desemboca el arroyo Pigüé en la laguna Epecuén, respondía a las características que hoy aún pueden apreciarse en los de la mayoría de las poblaciones de la época. Constituidos en verdaderas ciudades para los muertos, con edificios importantes, barrios más modestos, calles y bulevares. Se accedía por un gran portón a una calle ancha que permitía el ingreso de los carruajes de las pompas fúnebres, tracción a sangre. A los lados de este bulevar principal las familias adineradas erigían suntuosos mausoleos y los menos pudientes depositaban sus muertos en nichos o los sepultaban en tierra.

Como la mayoría contaba con un sector para niños. Así, durante casi noventa años esta necrópolis fue acogiendo a los difuntos de la localidad, los que se estima habían llegado a unos siete mil cuerpos cuando se inundó.

El 10 de noviembre de 1985 la defensa de Epecuén había sucumbido y el agua ingresado al pueblo, debiéndose evacuar en su totalidad. Para el día 17 ya se discutía si las aguas, que crecían día a día, llegarían hasta el cementerio. Un comunicado de la Comisión de Defensa Civil informaba que se estaban reforzando las defensas pero que, no obstante, los familiares podían retirar a sus muertos tan pronto como se reparara el camino de acceso.

Aunque los técnicos de las Fuerzas Vivas (agrupación de representantes de instituciones que tuvo un accionar importantísimo en el momento de la inundación) vaticinaron que el cementerio quedaría totalmente bajo varios metros de agua, todos se resistían a creerlo. Pese a las advertencias de este grupo, el cementerio recién comenzó a ser evacuado en el mes de diciembre, cuando ya la única manera de llegar hasta él ya era con agua entre sus muros. Las necrópolis de los pueblos como Puán y Pigüé pronto colapsaron por los muertos de Carhué que las mismas familias llevaban en carros, camiones o camionetas.

Con la crecida constante pronto se hizo imposible continuar con esa modalidad de evacuación particular de cada deudo. Fue recién a mediados de 1986 cuando se pudo contar con el nuevo cementerio y poder comenzar con una evacuación subacuática. Para ello una empresa relacionada con la extracción de sulfato en la laguna Epecuén, dispuso de seis buzos y una barcaza que se utilizaba para extraer sal. Durante seis meses se ocuparon de romper nichos y bóvedas debajo del agua para retirar los cuerpos. Estos eran traídos flotando hasta el perímetro de la necrópolis, numerados según su ubicación y llevados al nuevo cementerio. Cuando esta modalidad no se podía hacer por el estado de los féretros se colocaban los restos en bolsas. Muchos años después las consecuencias de esta tarea surgieron a la luz. Nadie tiene la certeza que el féretro o los restos en un  bolsa negra sean de sus ancestros, dando que los buzos no realizaban la tarea tal cual estaba estipulada.

La tarea finalizó en diciembre, cuando se habían trasladado 2391 restos. Los sepultados en tierra quedaron en el lugar.

Desde entonces la tragedia y el destino de este cementerio inundado siguen siendo tema recurrente para los pobladores de Carhué. En 1997 la Comisión de Turismo pone en el tapete el tema estando a favor de alguna acción para mejorar el aspecto de futura costanera y playa. La prensa refleja las propuestas encontradas: conservación versus demolición. El asunto llegó hasta los bloques mayoritarios del HCD, que se expidieron a favor de solucionar el tema bajando por lo menos las cúpulas de las bóvedas al ras del agua. La palabra más utilizada para definir el aspecto de la costa balnearia de Carhué era “tétrico” englobando en ello a los árboles secos, a El Cristo y lógicamente al Cementerio. Una encuesta patrocinada por la Comisión de turismo para la que se entrevistaron a 1662 personas dio como resultado que más del 55% era favorable a la eliminación del cementerio y el retiro de El Cristo, parta ser emplazado en otro sitio, previa restauración. Sin embargo, a los pocos días, los partidarios del “no” elevaron una nota al HCD con más de 1200 firmas, hecho inédito en la historia democrática carhuense. La opción elegida fue no tomar ninguna decisión; todo quedó como estaba. 

Al año siguiente, en junio de 1998, una propuesta del Poder Ejecutivo intenta conciliar posturas: construir un terraplén, retirar el agua con bombas y limpiar los escombros, para luego cubrir los restos con tierra, y  erigir un Jardín de Paz. Dicho proyecto no prosperó por varias cuestiones, sobre todo políticas.  

Sin comunicación previa, en noviembre de 2002 se comenzó a demoler lo visible del cementerio, (hecho que se repite durante la bajante del 2005) aunque en ambos casos no hubo prensa, ni aviso ni nada. En pocas horas, las cúpulas habían desaparecido del horizonte.   

Entre 2002 y 2006 la comunidad pareció haber olvidado la ciudad inundada de sus muertos, como si hubiera desaparecido, hasta que las pronunciadas bajantes de la laguna iniciadas en 2006 les obligó a percatarse de que mes a mes quedaban más al descubierto sus ruinas. El poder ejecutivo rescata entonces la propuesta de realizar en el predio un Parque de la Paz, pero sin mucho eco ni decisión.

Entre tanto, desde que la poca profundidad en las inmediaciones lo permitió, inescrupulosos comenzaron a ingresar al predio a efectuar saqueos y destrozos. Cientos de placas de bronce que existían aún en las bóvedas, nichos y sepulturas fueron el botín.

Finalizando el verano de 2009, las autoridades ya habían podido llegar hasta el mismo y habían comenzado la limpieza y reordenamiento. En un primer momento estaba prohibido el ingreso de visitantes porque el panorama no lo permitía.

Sin embargo muchos deseaban reencontrarse con sus deudos sin entender razones, surgiendo así varios inconvenientes con las autoridades. Culminadas las tareas de limpieza se abrió definitivamente y la gente volvió a acomodar la tumba de sus deudos y a dejar una simple flor.

Recién en 2014 se lo declara Cementerio de la Memoria, pese a que el proyecto había ingresado al HCD en 2009, promovido por las áreas de Turismo y Museo.   

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