ALFRED EBELOT, EL FRANCÉS ACRIOLLADO

ALFRED EBELOT OLEO

ALFRED EBELOT, UN FRANCÉS ACRIOLLADO

Alfred Ebelot, (1839-1920), ingeniero, periodista y escritor, había nacido en la Alta Saboya y realizado sus estudios profesionales en París. Debido a sus ideas republicanas, contrarias al gobierno del emperador Napoleón III, se negó a seguir la carrera de funcionario. Hacía 1870 decidió probar suerte en la Argentina fundando un periódico de tono político, Le Républicain. Terminada abruptamente esta publicación a causa de la epidemia de fiebre amarilla, el ingeniero francés buscó nuevos horizontes: el gobierno argentino lo contrató para realizar estudios en la línea de la frontera.

El más recordado de los trabajos de Ebelot fue la dirección de las excavaciones de la zanja que se proyectó a manera de escudo para detener los ataques de la indiada pampa y ranquelina. Dicha tarea le permitió tomar contacto con la vida en los fortines del desierto y con la pintoresca variedad de gauchos, indios, milicos, chinas y pulperos que los habitaban. Trató asimismo, en la intimidad de los campamentos, a las personalidades descollantes de la política nacional, que estaba centrada entonces en la resolución del conflicto fronterizo. Noticias de la pampa

Ebelot relató sus experiencias en una serie de artículos publicados por La Revue des Deux Mondes (1876-1880). Las cosas argentinas, cargadas de exotismo y de lejanía, interesaban a los lectores de esta publicación. Uno de los relatos de la serie, editada más tarde con el título de Frontera sur , describe la última gran invasión de Calfucurá (1875), que había sorprendido al autor mientras se ocupaba de instalar en los alrededores de la Laguna Blanca Grande a la tribu del cacique Catriel, ligada al gobierno por pactos de amistad. Precisamente esa tribu fue de las primeras en sumarse a la invasión.

El ingeniero francés escribe sus notas desde la perspectiva del conflicto entre civilización y barbarie y del derecho del hombre blanco a dominar al indígena. Pero esta concepción se ve atenuada por una fuerte dosis de humanismo. Sin embargo, termina por aceptar el regalo que recibe como parte del botín: la entrega de una niña y un niño indígenas. Ebelot se esforzó por compensarlos dándoles una buena educación y mucho afecto.

Terminada la guerra, retomó su vocación de periodista. Escribía casi diariamente sobre política europea y noticias locales en periódicos en castellano y en francés. Colaboraba en Le Courrier de la Plata , el órgano de prensa de mayor prestigio de la colectividad, y en 1886 se incorporó a la redacción de LA NACION. Para ser buen periodista, decía a quienes se asombraban de su fecundidad, no basta el oficio, se necesitan ideas, lecturas y vivencias embellecidas por la imaginación.

Volvió a la literatura en 1889, cuando entendió que la vida rural que él había conocido estaba en trance de desaparecer arrastrada por la modernización. Escribió entonces y publicó en París La pampa. Costumbres argentinas, considerado por los especialistas uno de los libros más veraces acerca de la llanura y sus habitantes. Hay capítulos de este libro, como los dedicados a las mujeres gauchas, que constituyen testimonios insoslayables a la hora de reconstruir el modo de vida y los valores de la sociedad de la frontera. Otros, sobre el recado y el caballo, son fuente de conocimientos precisos.

Interesado por ofrecer a los franceses más información sobre la Argentina, debido al crecimiento de los negocios y de las inversiones en ferrocarriles, tierras e industrias, escribió para La Revue des Deux Mondes un relato sobre La Revolución de 1890. Expuso entonces su pensamiento acerca de la crisis económica sin ocultar sus simpatías políticas. Era partidario de Mitre como antes lo había sido de Alsina. Tenía fe en el progreso, pero no creía en el desenfreno de la especulación y los negocios generados en tiempos de Roca y de Juárez Celman, ni en el manejo de la cosa pública ajeno a los valores éticos.

Regresó a Francia definitivamente, en 1908, acompañado por su esposa y por la mujer pampa que había educado a la europea. Hasta su fallecimiento, ocurrido en Toulouse en 1920, continuó enviando colaboraciones a LA NACION. 

 

María Sáenz Quesada.  Alfred Ebelot, un francés acriollado

 La Nación. 11-9-2001

 

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