Tan solo nueve años habían pasado de la fundación del pueblo cuando mis bisabuelos llegaron a Carhué, aún estaban frescos los recuerdos de aquella larga disputa que ensangrentó las pampas.
La familia continuó aquí su vida de campesinos y estuvo entre aquellas que abrieron los primeros surcos y pusieron las primeras semillas en aquellos terrenos aun vírgenes de Carhué.
Hace un siglo exacto mi abuelo, Nicolás Cricco, decidió dejar Carhué donde había nacido cuatro décadas antes, escasos meses después que su familia llegara desde una lejana y empobrecida Italia meridional…
DE CRICCA A CRICCO, DEL SAMNIO A LA PATAGONIA.
( UN LARGO VIAJE DE SIGLO Y MEDIO )
“No hace falta trepar alto en el árbol genealógico para encontrar al inmigrante responsable de nuestra existencia, ni tampoco escarbar mucho para dar con nuestras raíces en el libro parroquial de un pueblo europeo de nombre borroso”
“LA GRAN INMIGRACIÓN” E. Wolf – C. Patriarca
Nenna, ìe me ne vàie,
me 'mbarch 'nglandestine,
me ne vaie 'nArgentine
pno vedé chiù a te
“AMORE PAESANO” (canción tradicional de Castelpagano)
AL PRINCIPIO… EN ITALIA
Al promediar la segunda mitad del siglo XIX, Italia vivió el denominado Risorgimento, el proceso de unificación de la península que particularmente en el sur empeoró notablemente las precarias condiciones de vida del campesinado.
En Benevento, al interior de Campania, el pequeño pueblo de Castelpagano no fue una excepción; a las habituales calamidades como terremotos, inundaciones, pestes, frio y nevadas intensas vino a sumarse esta crisis política que como única salida propició la emigración de muchos empobrecidos campesinos, «Mi emigro per magnar» expresaría elocuentemente Edmondo De Amicis en Sull´Oceano.
En su extensa historia aquella áspera, empobrecida y disputada región del Samnio - campo de batalla desde los tiempos de griegos y romanos, hasta los recientes enfrentamientos de la II GM- la comarca fue ocupada por distintas parcialidades, entre ellas, españoles que legaron al dialecto local muchas palabras que hoy nos resultan curiosamente familiares.
Los registros escritos de la Chiesa del Santissimo Salvatore en Castelpagano se remontan al siglo XVIII, desde entonces aparecen en ellos el apellido Cricca, por caso el del propio párroco que en esos años era el sacerdote Antonio Cricca.
Reiterado en muchas otras ocasiones y aun hasta el presente el apellido aparece en distintas oportunidades, nacimientos, casamientos… entrecruzándose con otros apellidos tradicionales del pueblo. Así, entre estos antiguos documentos parroquiales en febrero 1848 aparece registrado el nacimiento de otro Antonio Cricca y años más tarde constan los nacimientos de Nicola (1870), María (1871), Giusseppantonio (1876), Onofre (1879) y María Carmine (1883), todos hijos del matrimonio de este Antonio con Ángela Caruso, hija de otra familia tradicional del pueblo.
Costumbres de la época, pero muy seguramente las duras condiciones vividas, hicieron olvidar poco a poco experiencias poco gratas de recordar. Es así que familiarmente nada se conservó que permita hoy reconstruir detalles de aquellos últimos días de la familia en Italia, del viaje a América, ni de la llegada a la Argentina donde incluso los registros de ingreso al país parecen formar parte del material extraviado en migraciones.
AL OTRO LADO DEL MUNDO…EN CARHUÉ
Muy lejos de Castelpagano, el sacerdote José Sarasola, párroco de Nuestra Señora de los Desamparados de Carhué, registra en noviembre de 1886 el bautismo de Nicolás Cricco “que nació el seis de enero último hijo legítimo de Dn Antonio Cricco … y Da Angela Carusi (sic) … domiciliados en este pueblo”.
Por cuanto Nicolás aparece en documentos posteriores como nacido en Argentina, puede inferirse como fecha lógica del arribo de la familia al país el año anterior, 1885.
Otros documentos inmediatos permiten seguir los rastros de la familia ya instalada en Carhué. En el registro de la “Comisión de reparto de tierras Adolfo Alsina”, hoy archivado en el Museo de Carhué, consta en 1887 la adquisición de un solar (Manzana 110 sección B) y una quinta (N° 49 sección M), entregas números 753 y 807 respectivamente.
De igual modo en los registros de la Sociedad Italiana “Unione e Fratelanza” de Carhué están inscriptos Antonio Cricco (1886), Giusseppe (1896), Onofrio (1896) y Nicolás (1910), matriculas número 60, 61, 62 y 110 respectivamente, todos nacidos en Castel Pagano (sic) excepto Nicolás a quien se confirma como nacido en Carhué.
Para 1895 Antonio Cricco, quien figura como agricultor en las guías comerciales del momento, Ángela Caruso y sus hijos José, María, Honorio y Nicolás fueron registrados en el segundo censo nacional. Como puede apreciarse faltan dos de los hijos registrados por el matrimonio en Italia, muy seguramente víctimas de las difíciles condiciones que obligaron a la familia a emigrar.
Una fotografía existente en el Museo de Carhué, tomada hacia 1904, muestra a la familia completa, incluso con los dos varones mayores –José y Honorio- con sus respectivas esposas.
Para entonces las condiciones económicas parecen haber mejorado considerablemente y la actividad principal de la familia seguía siendo la agricultura según lo testimonian diversos documentos y otra interesante fotografía existente en el Museo de Carhué donde pueden observarse las tareas de trilla en el campo familiar.
Este campo que en su extensión original incluía uno de los fortines defensivos de Carhué, se ubica a escasos kilómetros de la población y ambos lados del camino que por Arroyo Venado conducía a Guaminí. La propiedad fue conservada familiarmente por Honorio y sus descendientes, sus hijos Antonio y Héctor. Por muchos años la lechería fue una de las actividades principales desarrolladas allí. Actualmente, ya muy reducida en superficie, es propiedad de Antonio Omar, Tony, nieto de Honorio y todavía pueden apreciarse allí y ya centenarios, los restos de algunos edificios de aquellos primeros tiempos.
Durante las primeras décadas del siglo pasado también fue de la familia El Recreo, una propiedad ubicada a unos 3 kilómetros de la anterior y hacia el noroeste, lugar donde residía José.
Este campo se perdió familiarmente durante los difíciles años 30; tal cual lo indicaba la inscripción en su frente -“1913 El Recreo”- la casa principal había sido inaugurada aquel año. Aunque con algunas modificaciones en el edificio, como lo estaba hace unos años, quizás sigan estando allí arriba el nombre y fecha fundacional de la propiedad.
Aquel mismo año de 1913, a los 65 años y después de 28 años de haber llegado al país, falleció Antonio y cinco años más tarde, en 1918, Ángela.
Para ese entonces, mientras María permaneció soltera y sin descendencia, los hijos varones mayores ya estaban casados; Giusseppe (José) casado con Rosa D´Elia fueron padres de siete hijos (Antonio, María, Lucia, Cristina, Ángela, Amelia y Carlos) en tanto Onofre (Honorio) en matrimonio con Elisa Robilotte tuvieron seis hijos (Ángela, Antonio, Héctor, Emilia, Ana y Pedro).
Varios años más tarde en 1926, Nicolás, el hijo menor del matrimonio y nacido en Argentina, contrajo matrimonio con Isabel Garabelli y se radicaron en Bahía Blanca donde al año siguiente habrá de nacer su hija Olga Ángela. Allí se dedica sin mucho éxito al comercio de los denominados frutos del país (cueros, lanas, etc.).
Nicolás fue el primero de la familia en alejarse de Carhué, con el tiempo y por distintos motivos (económicos, familiares) muchos otros integrantes de la familia abandonando Carhué y así varios de los hijos e hijas de José y Honorio se alejaron del pueblo en busca de nuevos rumbos, dispersándose por la Capital Federal y provincia de Buenos Aires: Olavarría, Tandil, Colon, entre otros puntos donde la familia se continuó ampliando.
De todos modos como ocurre en Castelpagano, en Carhué el apellido aún sigue presente en la comunidad y a más de 140 años sigue acompañando a la ciudad desde aquellos lejanos días fundacionales.
DEL VERDE AL AMARILLO (de Carhué a Choele Choel)
Tanto Carhué (“lugar verde”) como Choele Choel (“floreado amarillo”, según una de sus acepciones) fueron lugares estratégicos claves para el mundo indígena, todo un mundo que se derrumbó poquísimos años antes de que la familia llegara al país.
Para cuando se cumplía casi medio siglo de que el general Roca iniciara su marcha desde Carhué a Choele Choel en el río Negro, casi siguiendo aquella misma ruta, mi abuelo Nicolás decidió marchar en aquel rumbo.
Después de una corta estadía en Bahía Blanca, donde los negocios no prosperaron, Nicolás buscó nuevos rumbos en aquel prometedor valle del río Negro; así en 1928 se instala en con su familia en una chacra que había comprado en 1926 en Choele Choel y allí, al año siguiente, nació su segundo y último hijo Aldo Antonio, mi padre.
En interior de la isla Grande de Choele Choel, mis abuelos siguieron ligados a la agricultura, tarea habitual de la familia, ahora en el ámbito de la tradicional chacra rionegrina donde la presencia e influencia italiana eran también muy marcadas.
En los difícil década de 1930 las condiciones económicas no mejoraron mucho y se complicaron con la enfermedad y posterior fallecimiento del abuelo Nicolás.
La abuela Isabel, a cargo de todo y con sus dos hijos aun adolecentes tuvo que padecer además la gran tristeza de la perdida de uno de ellos, Ángela, quien murió en un accidente en 1946 cuando solo tenía 19 años.
Mis padres, Aldo Antonio –quien continuó ligado al trabajo y vida rural- y Nélida se casaron en 1963 y del matrimonio nacimos Omar (1964), Jorge (1966) y Roxana (1976).
Mi padre Aldo Antonio falleció relativamente joven en 1984 y desde entonces distintas labores nos fueron alejando progresivamente del tradicional mundo rural que por años, aun desde antes de llegar al país, caracterizo el modo de vida familiar.
DAGLI APPENNINI ALLE ANDE…un viaje de siglo y medio En 1886, año en que nace en Carhué mi abuelo Nicolás, Edmundo de Amicis publica “Cuore” (Corazón), y en él un relato –“Dagli Appennini alle Ande”- donde cuenta la historia de un niño inmigrante que desde Italia marcha a la Argentina, y ya en el país, siempre hacia el oeste, continúa las aventuras narradas por De Amicis.
Del mismo modo también nuestra historia familiar continuó hacia el oeste; por motivos laborales a poco de terminar mis estudios en Bahía Blanca, comencé a trabajar en la obra vial de la entonces ruta 258 (hoy ruta 40), en El Bolsón (RN), al pie de los Andes.
Allí conocí a mi esposa, Alicia, nacida en el lugar y allí nació mi hijo, Aldo en 1995.
Si bien hoy hemos vuelto a Choele Choel y aquí estamos, aquella marcha, como la de Marcos, el protagonista de la historia de Edmundo de Amicis, bien podría resumir, aun con matices muy diversos y mucho más extensa en el tiempo, una marcha generacional hacia occidente que en siglo y medio nos llevó de Castelpagano hasta El Bolsón, desde Samnio a la Patagonia…de los Apeninos a los Andes.
SOBRE NUESTRO COGNOME (APELLIDO)
Tanto Cricca como Cricco son dos apellidos poco difundidos, pero no extraño de encontrar tanto en Italia como en Argentina e incluso en Brasil o en los Estados Unidos.
En Italia, donde se origina, Cricca se halla concentrado principalmente en el norte de la península, en Piamonte, Lombardía, Toscana y principalmente en Emilia Romagna.
Precisamente en Bérgamo (Lombardía) un antiguo registro de defunciones consigna en 1512 “…la sorella del Cricha, fiola de Michel da Castion…”; según alguna de las versiones en tal apodo medieval podría rastrearse el origen del apellido.
En el sur el único centro de importancia de dispersión del apellido y desde muy antiguo es Castelpagano, en Campania. Según registros locales que se remontan a mediados del siglo XVIII ya se consigna en ellos nuestro apellido, incluso puede destacarse al referido sacerdote de la comunidad, Antonio Cricca, quien según escritos de Dante Riccietti se desempeñó entre 1764 y 1786.
Más allá de este caso en particular, en general el apellido aparece solamente en registros parroquiales como nacimientos o casamientos; han sido por siglos gente sencilla, campesinos (contadini) a los que les tocaron vivir tiempos difíciles. Tanto por cuestiones naturales como humanas, la vida no parece haber sido tan fácil en la región y un viejo refrán del pueblo, “dopo Natale fame e freddo”, parece resumir aquel tiempo pasado.
Actualmente Castelpagano ronda el millar y medio de habitantes y allí portan el apellido Cricca unas 50 personas, siendo uno de los más frecuentes en esta pequeña comunidad del Samnio beneventano.
En nuestro caso familiar el ingreso al país hacia 1885 implicó el cambio de la última letra del apellido, Cricco por Cricca, siendo los primeros asientos de la Sociedad Italiana de Carhué el único registro en el país donde se conserva en su forma original y en donde, además, se consigna claramente el origen de la familia en Castelpagano.
En el caso particular de nuestra familia, según testimonio de Rosario Cricca desde Castelpagano, un segundo grupo familiar se instaló también en Argentina hacia 1950, más concretamente en la zona de Villa Constitución a Rosario; pero a diferencia de nuestra familia instalada en Carhué, este segundo grupo familiar conservó la grafía original del apellido.
Otra extraña curiosidad que nos muestran los registros de la Sociedad Italiana de Carhué es la casual pero estrecha relación inicial entre el naciente pueblo de Carhué y Castelpagano, apreciable en la coincidencia de muchos apellidos en ambas comunidades ( Capozzi, Caruso, Cricco, Rubertone, Pagliuca, entre muchos otros ), coincidencia aún apreciable como puede notarse, entre otros registros, en los listados telefónicos de ambos pueblos.
En una conocida y centenaria placa conmemorativa que honra a los caídos en la Gran Guerra en la Plaza de Castelpagano vuelven a repetir estos apellidos comunes que hermanan a ambas comunidades.
Los nombres de pila que se han reiterado familiarmente por generaciones es otra particularidad que llama mucho la atención; en muchos casos sorprende encontrar reflejados en ellos las tradiciones y devociones originadas en Castelpagano: Chiesa del Santissimo Salvatore, la Chiessa de Saint´Onofrio, la chiesa di San Rocco, la pequeña Cappella della Madonna del Carmine, la devoción local por Sant'Antonio y San Giuseppe, la tradicional Ricciata de San Nicola … parte de la vida de aquel pequeño pueblo en que se han espejado y dispersos por el mundo nombres como Antonio, Nicolás, José, Onofrio, Carmela, Salvatore, Roque …nuestra familia no ha sido la excepción.
Con los años y un océano por medio, el vínculo familiar y hasta el recuerdo del pueblo mismo fueron cayendo en el olvido, pero felizmente el progreso de las comunicaciones han permitido en los últimos años un grato reencuentro… un grupo social de Internet -Sei di Castelpagano (cata nui)- creado en 2020 y con 1850 miembros – más que los habitantes actuales del pueblo- ha vuelto a vincular a los hijos de Castelpagano dispersos por el mundo.
Omar N Cricco. Febrero de 2026
BIBLIOGRAFIA-FUENTES CONSULTADAS
Riccietti, Dante. Castelpagano. Racocolta di documenti storici. (Cosenza, 1983)
Archivo Histórico. Museo Dr. Adolfo Alsina (Carhué). Lic. Gastón Partarrieu
Sociedad Italiana “Unione e Fratellanza” (Carhué)
Iglesia Nuestra Señora de los Desamparados (Carhué)
Chiesa del Santissimo Salvatore (Castelpagano)
www.familysearch.org/